Lista 1: A los docentes montevideanos

Desde que existimos como agrupación sindical hemos querido, en el error o en el acierto, ayudar a la construcción de un sindicato que pudiese representar a todos los docentes, o por lo menos a su más amplia mayoría. Concebimos el sindicato como una herramienta que puede ser empuñada colectivamente por todos los trabajadores – y por cada uno de ellos – más allá de su credo político partidario, filosófico o religioso. Más allá, también de su condición de militantes “full time” – opción que es voluntaria y no otorga privilegios ni “galones” – o de afiliados que ejercen sus derechos, proponen, cuestionan y votan lo que mejor les parece. Más aún, hemos pensado siempre y reafirmamos ahora, que estos últimos afiliados son la razón de ser, la única presencia que puede dar legitimidad y sentido a la acción de los militantes, siempre que su militancia sea sindicalismo genuino, sin desviación más o menos solapada, en función de intereses partidarios, que es lícito que cada ciudadano tenga, pero que jamás justifican la subordinación de las organizaciones sindicales a partido o gobierno alguno.

Nuestro sindicato se encuentra en la encrucijada. No sólo porque el Parlamento debe optar entre un Mensaje de Rendición de Cuentas – el del Poder Ejecutivo – de franca insuficiencia, y otro – el del CODICEN de la ANEP, que con sus luces y sombras, se compadece más de las necesidades reales del sistema educativo. Es una situación en la que más que nunca los Sres. Legisladores, opositores pero más aún oficialistas, deben tener la valentía moral y política de obrar según criterio propio y, dentro de los marcos constitucionales que rigen la materia presupuestal, asignar a la educación pública los mejores recursos posibles.

Pero para los docentes montevideanos se agrega un factor de la interna de nuestro sindicato: sucesivas asambleas, cuyas resoluciones respetamos y cumplimos, incluso en discrepancia, nos han puesto al filo de las quince jornadas de paro en lo que va del año lectivo. Paros que, amén de causar un efecto en el bolsillo de los compañeros, causan también molestia – comprensible – entre el estudiantado y sus padres. Paros que, por diversos motivos, llevan a varios cientos de colegas a filiados a incumplirlos, total o parcialmente, en decisión que no podemos justificar pero que estamos obligados a tratar de interpretar y comprender. No planteamos la renuncia al derecho de huelga, consagrado en la Constitución, sino la reflexión sobre la conveniencia de su estilo de ejercicio por nuestro sindicato de unos años a esta parte.

No producimos tornillos, u otra mercadería que nuestros empleadores estén por exportar, circunstancia que nos dé la “voz de aura” para “apretar al patrón”. El fruto de nuestro trabajo es el mayor o menor avance educativo no más ni menos que de los hijos de los trabajadores. Habremos de hacer muchos paros más, pues es imposible la lucha sindical con ejercicio 0 del derecho de huelga, pero tendremos que procurar que las horas de clase perdidas para nuestros estudiantes sean las menos posibles. El paro deberá ser un instrumento para ejecutar nuestras medidas de lucha, pero no la medida en sí. Y en tanto instrumento, deberá emplearse sólo cuando sea justo y necesario. Hay admirables medidas de lucha cívica de nuestro pueblo que se ejecutan incluso sin necesidad de paro alguno, como por ejemplo la “Marcha del Silencio”, los 20 de mayo.

Este llamado a la reflexión, con lo que implica de crítica y autocrítica, no persogue el objetivo de “hacérsela fácil” al actual gobierno, ni a ningún otro futuro, sea del signo partidario que fuere. Aspiramos a tener capacidad de interlocución sobre la materia educativa toda, y preeminentemente sobre nuestro salario y condiciones de trabajo, lo que implica tener la apertura de criterio como para “hacérsela fácil” a cuantos gobernantes propongan buenas medidas y tengan actitud abierta y negociadora para con nuestras propuestas, pero también la energía y la inteligencia para arrinconar a todo gobernante que se obstine en cerrar oídos e impulsar políticas perjudiciales para la educación pública. Y reiteramos que, si se pone en ello energía e inteligencia, puede lograrse con muy poco tiempo de paro de actividades, siempre que se cuente con el apoyo activo de los propios trabajadores y el pueblo en general.

Pero esto no se construirá por generación espontánea. Esta manera de ver las cosas que aquí exponemos no es la única posible, y ya hemos dicho que en muchas de nuestras asambleas ha resultado minoritaria y, por eso mismo, se ha visto imposibilitada de ejecutarse en la práctica. Por eso queremos pedir ayuda a nuestros compañeros, petición que implica también la aceptación humilde de las críticas que se nos quiera formular. Necesitamos que quien no está afiliado a ADES por discrepancias, se afilie con esas discrepancias y todo, para enriquecernos con ellas. Que quienes se han retraído de participar, vuelvan a hacerlo: su idea, su voz, su voto y su esfuerzo valen tanto o más que los nuestros. Para principio de un nuevo derrotero es que convocamos a todos los afiliados, piensen o no parecido a nosotros, a hacerse presentes en todas las instancias de decisión, como también en las comisiones de trabajo del sindicato donde entre todos construyamos el sindicato que queremos.

Lista 1/ ADES – Montevideo, FENAPES / PIT – CNT

Julio de 2012

ENCRUCIJADA-2