Benoit y Moreira: “No hay cupo” (Sobre el nuevo sistema de preinscripciones y reinscripciones)

 

Cuando el presidente del CODICEN, Wilson Netto, anunciaba en la prensa con bombos y platillos la nueva “prestación” del plan GURI, mediante la cual los padres de los estudiantes, desde la comodidad del hogar y con un solo clic, iban a inscribir a sus hijos en educación media, nadie fue capaz de informar adecuadamente cómo es que dicha modalidad se iba a poner en funcionamiento. Al día de hoy, la información sigue siendo incompleta, y se difunde tardíamente.

La metodología de comunicación institucional fue pésima desde el arranque. El martes 13 de diciembre a la hora 17:52 se publicó en la página web del CES el Acta N°55, Res 19, Expediente 3/2507/16, de fecha 7 de diciembre de 2016, y se descolgó de la Web en la tarde del miércoles 14, para ser publicada nuevamente a la hora 17:46. A la hora 17:47 del mismo día se publicó el Acta N°56, Tratado 110, Expediente 3/2507/16, de fecha 14 de diciembre de 2016, que es un complemento del Acta Nº 55, pues en la misma se olvidaron de establecer el mecanismo de inscripciones para 2° y 3° año de ciclo básico, y 1° año de bachillerato. Recién el 28 de diciembre, el CES publica en la página Web cómo se realizara el trámite de inscripciones y pases para el año 2017. Queda en evidencia la improvisación y falta de planificación de las autoridades.

Las resoluciones mencionadas establecen tres cambios significativos para inscribirse en los liceos de ciclo básico de todo el país, incluido Montevideo:

1) Los alumnos que egresan de la escuela deben preinscribirse vía Web en algún centro de enseñanza media. En Montevideo y Canelones urbano podían hacerse dos opciones. Desconocemos la situación del resto del país.

2) Las reinscripciones para 2° y 3° de ciclo básico son automáticas, tanto para los que promueven a esos grados como para los que repiten (en todo el país).

3) Los pases interliceales se otorgarán vía Web, siendo responsabilidad de la familia solicitarlo a partir del 1° de febrero del año 2017 (en todo el país).

A primera vista, estas modificaciones se muestran como un avance en materia de derechos para nuestros estudiantes, pues se garantiza que sean inscriptos en la educación media. Pero, ¿es suficiente la mera inscripción automática para garantizar la efectiva “inclusión” del estudiante? Entendemos que no, por las razones que a continuación compartimos.

Pases de la escuela a la enseñanza media: las mentiras del CODICEN.

“Estamos presentando a la población, y principalmente a las familias que tienen chicos y chicas en sexto año de escuela y que están egresando, una preinscripción temprana. (…) Accediendo a Gurí Familia, los padres pueden ingresar a un ícono en el cual van a estar distintas opciones, tanto sea de educación privada, pública, liceo, UTU y séptimo año para las zonas rurales, y van a poder optar. (…) Luego eso se va a analizar para que antes del 20 de diciembre, cuando están culminando las clases en Primaria, ya las familias tengan una devolución de cuál es el centro educativo en el cual su hijo o su hija va a participar”. (Wilson Netto, Informe lanzamiento Sistema de Preinscripción de ANEP: http://www.ceip.edu.uy/prensa/1517-nueva-herramienta-de-preinscripcion-entre-primaria-y-educacion-media)

“Ingresá a Gurí Familia. Podés hacerlo con el mismo usuario y clave que usas para ver el carnet de clase. Elegí el liceo, la UTU, el privado o la escuela rural con séptimo año donde quisieras cursar el próximo año. Completá tres opciones según tus preferencias. Es importante que pienses bien cuáles vas a elegir, porque cualquiera de ellas podrá ser la definitiva”. (Spot 2 Sistema de Preinscripción de ANEP: https://www.youtube.com/watch?v=SyUzCzXzv2E)

El CODICEN que preside Wilson Netto le mintió a la población. Las “familias” de Montevideo y parte de Canelones no tuvieron tres opciones, sino dos, pues el primer lugar fue ocupado por un “centro de referencia” predefinido. Si no se daba una circunstancial coincidencia con el centro prefijado por la ANEP, las aspiraciones de las familias cuentan con bajísimas probabilidades de concretarse.

En el escenario de que existiesen cupos disponibles en el centro elegido por la “familia”, lo único que sabemos es que la opción “se va a analizar”. ¿Quién la va a analizar? ¿Qué criterios se seguirán para decidir, por ejemplo, en un caso en el que hay veinte aspiraciones para un centro y sólo cinco cupos? No lo sabemos. Quizá porque el CODICEN no lo previó. En cualquier caso porque no lo informó.

Pero la mentira no termina ahí. ¿Qué pasa si, tras la preinscripción vía Web, la “familia” no va a confirmar la opción al centro que se le indica? En este punto, la situación no cambia mucho en relación al régimen anterior, en el que el estudiante egresaba de la escuela con fecha y hora para inscribirse en un liceo o una UTU. En ambos casos, el que no va a confirmar, no es inscripto.

¿Cuál es el objetivo de agregar una instancia informática entre la escuela y el liceo si, en esencia, todo sigue igual? En un primer y superficial análisis, parecería que se trata de una herramienta de control, pues permite localizar a los jóvenes desvinculados y, a través de algún procedimiento aún no informado, intentar su “revinculación”.

Reinscripciones automáticas para 2° y 3°: la realidad superará la ficción.

Anualmente, por una multitud de razones, miles de jóvenes abandonan las aulas de Secundaria. Consideremos algunos números. En 2008, en Montevideo, cursaron primer año 15.650 estudiantes. Un año después, cursaron segundo año 11.733 alumnos. En 2010, cursaron tercer año 9.886 estudiantes. (Véase http://www.anep.edu.uy/monitorces/servlet/datosdepartamentales)

Una parte de esos estudiantes se reinscribe en UTU, educación no formal e instituciones privadas. Y otra parte se desvincula (en el año 2013, a nivel nacional, abandonaron: 9,59% en primer año, 6,34% en segundo año y 7,4% en tercer año). (Último dato del ítem publicado en el Monitor Liceal: https://www.ces.edu.uy/varios/indicadores.html)

Sin dudas, constituye un objetivo absolutamente compartible el de lograr la permanencia de todos los jóvenes dentro del sistema educativo. Pero para ello, en primerísimo lugar, deben identificarse las causas de la desvinculación y atenderlas. Y ello no es, ni debe ser, ni puede ser, una tarea de los liceos, cuya labor excluyente es educar.

Reinscribir a todos los jóvenes ya anotados en Secundaria con el propósito de que no se desvinculen, pero sin atender sus necesidades insatisfechas, es pensar que la burocracia puede corregir mágicamente los problemas del sistema.

Por si ello fuera poco, la medida va a provocar que la matrícula se dispare considerablemente en los liceos de ciclo básico, particularmente en los departamentos en los que los porcentajes de desvinculación son más altos: Canelones, Durazno, Lavalleja, Montevideo, Paysandú, Rivera, Salto, San José y Treinta y Tres. (Ibídem)

La cantidad de grupos en 2017 será casi la misma que en 2016, en buena medida porque no se ha tenido una política de construcción de liceos acorde al discurso inclusor del gobierno (hay 1.300 escuelas y sólo 300 liceos, y se recortaron los recursos adicionales previstos en la ley presupuestal para infraestructura). Así, al reinscribir a todos los que este año estuvieron anotados, inclusive a los miles que ya se desvincularon, pueden ocurrir dos cosas:

1) Si mediante algún sistema de coacción todos los jóvenes son obligados a “vincularse”, se provocará un importante fenómeno de superpoblación de los grupos, deteriorando la calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

2) Si muchos de los jóvenes ya desvinculados que son reinscriptos en ciclo básico luego no asisten a clase (ya que no cambiaron las condiciones de vida que previamente los llevaron a abandonar), ¿se responsabilizará a los docentes del aumento del porcentaje de desvinculaciones?

Pases interliceales: ¿el primero que haga clic?

El momento de inscripción involucra expectativas familiares en las que se conjugan elecciones, preferencias y decisiones que se proyectan para varios años en la vida de los jóvenes, con la carga emocional que ello implica, por lo que las inscripciones deben pensarse necesariamente como un acto pedagógico, no admitiendo su reducción a mero trámite administrativo.

Muchísimas solicitudes de pases de un liceo a otro están fundadas en sólidas razones: estudiantes que realizan diferentes actividades los sábados y son derivados a liceos donde esos días hay clases, estudiantes que requieren accesibilidad y son enviados a liceos en los que no la hay, inadecuación del emplazamiento de un centro para la locomoción de la que dispone el estudiante, etc. ¿Qué es lo que está previsto para este tipo de casos? Veamos:

“A partir de febrero 2017, el estudiante de 1°, 2, 3° Ciclo Básico, Plan 2006 y de 1° Bachillerato Plan 2006, podrá solicitar pase a otro liceo a través del Programa de Pases que estará disponible en el portal del CES a partir de mediados de enero”. (Véase: http://www.ces.edu.uy/index.php/liceos/20845-inscripciones-2017)

Como sabemos los docentes en actividad, muchos estudiantes de ciclo básico terminan el año lectivo con un fallo en suspenso. Su futuro es incierto: algunos promueven (si logran aprobar determinada cantidad de exámenes) y otros repiten. En tal sentido, la información que ofrece el CES es preocupante: ¿se cubrirán los cupos existentes antes de que los alumnos con fallo en suspenso definan su situación? ¿Cabe la posibilidad de que algunos estudiantes pierdan su radicación en un liceo? Si este tipo de casos se previó, no lo sabemos, pues nada se informó.

Supongamos que el problema precedente se resuelve y que, aun así, existen cupos en algún liceo para el que hay muchas solicitudes de pase; cabe preguntarse: ¿quiénes toman esos cupos? ¿Los primeros que hagan clic el 1° de febrero a la hora 0:01? ¿No habrá una valoración pedagógica de las razones que condujeron a la familia a solicitar el pase?

¿Quedará librada a la suerte la posibilidad de obtener un pase, teniendo que cliquear cada cinco minutos para ver si milagrosamente se genera un cupo? ¿O se confeccionarán listas de espera?

En cualquier caso, corren con desventaja las familias que no tienen dispositivos informáticos o que los tienen pero sin servicio de internet. Dice la Web del CES: “En caso de no contar con acceso a internet, el adulto podrá concurrir al liceo para obtener asistencia en la realización del trámite”. (Ibídem)  ¿Se pretende que el adulto falte a su trabajo tantas veces como sean necesarias para ir al liceo hasta que se produzca un cupo?

Entendemos que debe ser la Oficina Reguladora Estudiantil la que, con criterios pedagógicos, democráticos y transparentes, otorgue los pases liceales atendiendo a las problemáticas particulares de cada caso.

En síntesis

Es, cuando menos, ingenuo, pensar que la reinscripción automática es una solución posible al problema de las desvinculaciones. Las causas por las que muchos jóvenes dejan el sistema educativo son principalmente económicas.

Además, poco cambia si es necesario que los adultos confirmen la preinscripción asistiendo al liceo en que la ANEP ubicó al joven. Los números lo evidencian: al 29 de diciembre, no habían confirmado sus preinscripciones el 33% de los estudiantes del CES y el 47% de los estudiantes de UTU.

Las irregularidades funcionales detectadas en el nuevo sistema nos llevan a inferir que habrá miles de reclamos a raíz de la situación de incertidumbre producto de la no confirmación de las aspiraciones de las familias.

Entendemos que la causa principal de los errores de diseño del sistema informático se relaciona con la falta de consulta y participación de los actores del sistema educativo, cuyo rol resulta insustituible.

Las limitaciones en materia de edificios y grupos en Secundaria y UTU se traduce en la falta de cupos para registrar a la totalidad de los jóvenes en edad de asistir a la enseñanza media. La solución no es administrativa: se requiere una política pública de construcción y mantenimiento de edificios de enseñanza media.

Tememos que las limitaciones de cupos disponibles en ciertos liceos conduzca a que la reubicación de alumnos se produzca más allá de la fecha de inicio de las clases, y en centros alejados de los barrios donde viven, con las consecuencias en términos de desigualdad educativa que ello genera.

La falta de transparencia del nuevo sistema en relación al tratamiento de las solicitudes de pase de un centro a otro, y a la manera de distribuir una cantidad de cupos menor que la demanda, ameritan la revisión por parte de las autoridades.

Carina Benoit

Julio Moreira

30/12/16