Carta al Sr Presidente Dr. Tabaré Vázquez

Por la presente, el abajo firmante, se dirige a usted a los efectos de hacerle saber algunas cosas que evidentemente no son de su conocimiento. El gobierno, ni este que encabeza, ni los otros, uno de los cuales también dirigió, le han dado todo a la Educación, como usted proclamó con bombos, humo y platillos. Sí así fuera no habría salones que son contenedores, edificios en ruinas, carencias de lugares para hacer educación física, falta de equipos multidisciplinarios, docentes ganando lo mismo que lo que sus legisladores reciben para gastos en diarios y revistas. Imagino que se está poniendo un poquito colorado, y no lo digo por el decreto de ayer, que eso ni siquiera los colorados tuvieron la prepotencia de hacer. No, lo digo porque estará comprobando que anduvo orinando fuera del tarro cuando hizo esa afirmación para la tribuna, esa en la que siguió diciendo una verdad de Perogrullo: “el estudiante debe ser el centro de la educación”. Si el estudiante no fuera el centro de todo esto, de esta profesión que amamos, hace años que el sistema se hubiera caído a pedazos. Calladitos la boca compramos nuestros marcadores, nuestra tinta, hacemos fotocopias que repartimos gratis o a menos costo, prestamos perdemos lapiceras, corregimos, estudiamos y planificamos cientos de horas gratis, atendemos padres fuera de nuestro horario, realizamos paseos en días y en horas que no nos corresponden, todo en aras de la bendita y santificada vocación. Ni que hablar de los libros de estudio, de los cursos, diplomas, posgrados, etc que salen de nuestro bolsillo. Súmele usted que como ganamos tan poco, (lo que sus subordinados reciben para diarios y revistas, perdone la insistencia), trabajamos en varios lados, con la consecuente falta de tiempo y de dinero para el perfeccionamiento.
Pero son tan lindos nuestros alumnos; los 30, 35, 40 que tenemos por clase, a quienes dedicamos todo el tiempo que podemos, pero sabrá calcular doctor que la hora no nos deja en realidad mucho espacio para cada uno. Siga adicionando don Tabaré, que muchos de esos botijas vienen de zonas muy carenciadas, económica, social y afectivamente. Ah, porque vaya enterándose que los gobiernos de izquierda, los tres, dos suyos gracias a la generosidad de la biología, no han podido eliminar ni la pobreza, ni el hambre, ni la marginación. Entonces al aula entran otras cosas además de Pitágoras y el objeto directo o la célula. Entra el me pegaron, el me violaron, el tengo hambre, el quiero consumir y no puedo, el puedo y me importa poco lo que está escrito en el librito.
Pero para eso usted y sus expertos han pensado una educación encantadora. Una educación descentralizada, contextualizada, donde cada institución enseñe de acuerdo a su entorno, formadora de mano de obra sin conciencia al servicio de la empresa local de moda. Adecuación al mundo del trabajo que le dicen. Y además están las maravillosas ceibalitas que desde que fueron repartidas con bombos, humo y platillos han solucionado todos los problemas de la educación.
Perdone la ironía doctor, sabrá disculpar este instante de bronca y de desconcierto. Es que uno fue creyente de la utopía, de los colores, de que había izquierda y derecha, y de que “los más infelices serían los más privilegiados”. Uno adoró el verso que decía que “iban a temblar hasta las raíces de los árboles”… y no hubo ni una pequeña brisa que agitara una hoja de eucaliptus. En este país progresista, del vamos bien, del no se detenga, los ricos siguen siendo ricos y privilegiados, tratados como esenciales, y los pobres, hipnotizados con pequeñas grajeas de consumo, se empobrecen cada vez más, sobre todo a nivel cultural, porque la Educación, prioridad nacional, se ha vuelto, a fuerza de destrato y dobles discursos, en una mísera limosna o simulacro. Y no por la falta de dedicación de los docentes, que los hay malos también, yo conozco unos cuantos, pero créame que esos son una minoría. No, se ha vuelto compleja, porque enfrentamos una guerra con chauchas y palitos.
Y acá estamos peleando, día a día, contra todas esas dificultades y contra el discurso establecido, ese que crearon los políticos y los medios, ese de que trabajamos poco, que vacacionamos mucho, que nos negamos a todo y que en las noches de luna llena nos convertimos en radicales licántropos con aullidos corporativistas.
Y si por esto fuera poco, para seguir poniendo a prueba nuestra fuerza, ahora nos impone el decretazo y la mordaza…
En serio don Taba, ¿no será mucho?… ¿no será mucho el impulso que nos está dando para seguir luchando, para no rendirnos?… ¿no se le habrá pasado la mano en el combustible que le ha arrojado a esta llama de indignación que ya teníamos?…
Presidente, este docente, y los otros, somos pueblo… y el pueblo, tarde o temprano termina decidiendo. Porque el único, que a lo largo de la historia, ha terminado haciendo temblar las raíces de los árboles, ha sido precisamente el pueblo. Por eso don Taba, ¿no será hora de pensar lo hecho y lo no hecho, de retroceder algunos casilleros y ponerse a hablar en serio de Educación?
Los docentes seguimos acá, tan esenciales como siempre, tan maltratados como nunca, pero dispuestos a luchar por una educación digna, para los hijos de todos los trabajadores de este país.

La decisión está en sus manos.

Rafael Fernández Pimienta, Profesor de literatura

ADES Montevideo