Comisión de Mujeres

Presentación de la Comisión de Mujeres de ADES Montevideo y convocatoria a próxima reunión

Diciembre 2018

Presentación de la Comisión de Mujeres de ADES Montevideo

Nosotras, mujeres trabajadoras y parte de la clase, sufrimos, junto a nuestros compañeros varones, las consecuencias de un sistema injusto que persigue la acumulación de capital a costa de la vida, de nuestros cuerpos y nuestros territorios.

Sin embargo, en nuestra condición de mujeres sufrimos la doble opresión capitalista/patriarcal. Esta no es simplemente la sumatoria de dominaciones, no es la sedimentación de una opresión sobre la otra, es una configuración simbiótica histórica, perversa y violenta que recae sobre nosotras de una forma específica, concreta, material.

El capitalismo necesita de nosotras, no sólo como trabajadoras asalariadas, sino también como trabajadoras no asalariadas que garanticen la reproducción de la fuerza de trabajo, la reproducción de la vida misma: reproducir, cuidar, alimentar, vestir, limpiar, y un gran etcétera totalmente invisibilizado y desvalorizado.

No ha existido un capitalismo no patriarcal, el capitalismo es históricamente patriarcal. Por lo tanto, para nosotras, es imposible pensar en una lucha anticapitalista sin la perspectiva feminista, no hay tampoco lugar para pensar en “etapas” o “prioridades” de la lucha que nos vuelvan a postergar en pos de una “lucha general-universal” definida por la razón masculina.

En este sentido es necesario como punto de partida reconocer, visibilizar esa doble opresión, las desigualdades que genera y la materialidad concreta de nuestro quehacer como docentes mujeres.

Como docentes, al igual que nuestros compañeros varones, luego de cumplir con la jornada de trabajo en los Liceos, dedicamos en promedio 9 horas semanales de trabajo no remunerado en nuestras casas, cumpliendo con tareas básicas para que el sistema funcione: correcciones, planificaciones, estudio, etc1.

Por otra parte, dado que las tareas domésticas y de cuidado recaen mayormente en nosotras, las horas de trabajo no remunerado se incrementan aún más y presentan una desigualdad tremenda respecto a los varones. De acuerdo a las encuestas del INE sobre el “Uso del tiempo y Trabajo no Remunerado”2, en 2013 las mujeres uruguayas dedicamos en promedio 37,5 horas semanales a tareas vinculadas a la reproducción de la vida, básicamente tareas domésticas y de cuidado, mientras que los varones le dedican 19,5 hs. De acuerdo a los datos del 20073 esta situación se agrava cuando vivimos en pareja y tenemos hijos, no solo porque nuestras horas se incrementan (si vivimos solas: 26,8 hs; en pareja: 35,3 hs; en pareja con hijo: 41,7 hs) sino ¡¡porque las de los varones disminuyen!! (varón solo: 20,6 hs; en pareja: 15,3 hs; en pareja con hijo: 15 hs).

Estos datos demuestran la naturalización del patriarcado y la desigualdad de género, la naturalización de que hay tareas femeninas y masculinas, y de que nuestro lugar sigue siendo el privado, el doméstico.

A su vez, es necesario tener en cuenta que el 70% de las y los docentes del país somos mujeres y que el 60% de nosotras vive con al menos un menor de 18 años4.

Teniendo en cuenta esta realidad, es fundamental para nosotras pensar un sindicato en el que todos y todas podamos participar efectivamente. No alcanza con la igualdad abstracta y formal porque la realidad es muy desigual y bien concreta.

En el sistema patriarcal, y sobre todo el capitalista, nos han vedado históricamente los espacios públicos, y por tanto políticos, sirviéndose de nuestra fragmentación a partir del encerramiento en espacios privados como forma de sostén de un sistema económico y político que reduce a la mujer a un cuerpo sexuado y gobernado por el varón que la tutela. Una de las consecuencias de tal opresión ha sido la invalidación de la voz de las mujeres en instancias políticas como también el desmerecimiento de nuestras opresiones específicas, incluso bajo pretexto de que la lucha de clases es más relevante que la lucha por nuestra emancipación, como si se tratara de cuestiones desvinculadas. Esta postura no toma en cuenta que las mujeres, a diferencia de los hombres, hemos sido sometidas históricamente al lugar de cuidadoras y de cuerpos sexualizados, es decir, en tanto materia prima para la reproducción de la mano de obra, así como para satisfacción de los deseos sexuales de los varones, independientemente de su clase, pero también a la interna de la misma. No basta con la lucha de clases para que sea legitimada nuestra palabra, sino que implica una ardua lucha contra el capitalismo patriarcal y las estructuras que nos han querido callar durante milenios.

Si bien como docentes, y por tanto trabajadoras intelectuales, hemos ido ganando legitimidad epistémica, consideramos que aún tenemos mucho por lo cual trabajar. No concebimos otro camino que aquel que podemos construir desde la potencia que otorga la colectividad horizontal entre compañeras.

En ese sentido esta Comisión parte de la necesidad de construir un espacio específico de mujeres para encontrarnos y compartir entre nosotras diferentes experiencias y sentires, que son propios de nuestra condición de mujeres en un mundo patriarcal, una forma específica de opresión y violencias que los varones no experimentan. A saber: feminicidios, violaciones, acoso sexual, acoso callejero, invalidación de nuestra voz y valor intelectual, violencia obstétrica, explotación sexual, violencia doméstica, micromachismos, entre otras.

Necesitamos un espacio y un tiempo para nosotras. Compartir nuestras experiencias de violencias y opresiones es un proceso complejo, doloroso, pero también liberador si nos acompañamos y cuidamos las unas a las otras. Para esto es necesario sentirnos cómodas, a gusto con el espacio, y con la libertad de expresar nuestros sentires desde una afectividad y racionalidad femenina.

Por ello, si bien nuestro encuentro surgió en función de una resolución de Asamblea de conformar una comisión de género, una vez reunidas hemos convenido que la constitución de esta comisión sea de mujeres. De acuerdo con ello, sumando la necesidad de visibilizar esta especificidad que hemos considerado necesaria, hemos resuelto denominarla Comisión de Mujeres. Por lo que la actividad, integración y dirección de dicha comisión estará a cargo de las compañeras que tengan interés en formar parte, lo que no excluye la posibilidad de actividades futuras en que puedan participar compañeros, siempre desde la participación y no desde el accionar dentro de este espacio.

La Comisión se propone abordar cuatro dimensiones de trabajo:

1- Nosotras mujeres y la sociedad en la que vivimos

Si bien la Comisión nace de una necesidad específica de docentes sindicalizadas, no perdemos de vista que la desigualdad de género, la violencia machista y patriarcal son estructurales de nuestra sociedad. Por lo tanto pretendemos aportar a visibilizar y combatir las desigualdades y opresiones que sufrimos las mujeres en general en Uruguay y en el mundo.

2- Nosotras profesoras, trabajadoras y el sistema educativo.

Aspiramos a construir un espacio de referencia para abordar las diferentes situaciones de violencia que padecemos las trabajadoras docentes dentro de Secundaria. Un espacio que promueva la formación y reflexión entre los y las trabajadoras, para contar con más herramientas a la hora de enfrentarnos a dichas situaciones. Un espacio que difunda, sensibilice y canalice las demandas de las compañeras.

3 – Nosotras militantes y nuestro sindicato

Apostamos a un sindicato fuerte, democrático y participativo; consideramos la herramienta sindical fundamental para la defensa de los y las trabajadoras. Para ello es necesario visibilizar las desigualdades y privilegios que existen en nuestro sindicato y desandar las prácticas, hábitos, dinámicas de funcionamiento que inhiben la participación efectiva de más compañeras.

4- Nosotras profesoras, y las y los estudiantes.

Nuestra identidad como docentes feministas nos compromete a abordar de manera colectiva las diferentes situaciones de violencia de género que padecen las y los estudiantes en los centros de estudio. Reflexionar de forma colectiva los mecanismos y dinámicas patriarcales que reproducen las instituciones educativas, aportar a la difusión y/o elaboración de guías de acción ante situaciones de violencias. Asimismo desde una perspectiva autocrítica promover la reflexión sobre nuestras prácticas docentes, tanto en el vínculo con los y las estudiantes, como en la elaboración de los contenidos de nuestras disciplinas.

A las compañeras:

Las invitamos a construir juntas este espacio colectivo de encuentro, reflexión y lucha, para pensar y pensarnos como mujeres, educadoras y militantes. Construir desde la autocrítica, la solidaridad y el cuidado nuevas formas de relacionarnos y de desarrollar nuestra militancia.

Nuestro próximo encuentro será el lunes 17 de diciembre a las 18 hs, en el local sindical.

¡Las esperamos!

“No voy a seguir aceptando las cosas que no puedo cambiar.

Voy a cambiar las cosas que no puedo aceptar”

Angela Davis

comisiondemujeresades@gmail.com

 

1 Instituto Nacional de Evaluación Educativa (2016). Los salarios docentes (2005-2014). Montevideo: INEEd.
2 Instituto Nacional de Estadística (2013). Uso del Tiempo y Trabajo no Remunerado en Uruguay 2013. Montevideo: INE, UNFPA, Inmujeres, Facultad de Ciencias Sociales – UdelaR.
3 Instituto Nacional de Estadística (2008). Uso del tiempo y trabajo no remunerado en el Uruguay: módulo de la Encuesta Continua de Hogares de Septiembre 2007. Montevideo: INE, Unifem, Inmujeres, Facultad de Ciencias Sociales – UdelaR.
4 “El 28% de las docentes vive con al menos un menor de 6 años en el hogar, el 47 % vive con al menos un menor de 13 años y el 60 % vive con al menos un menor de 18 años” (XVI Congreso de Fenapes Andres Peré, 2017, p.36).