Memoria

22° Marcha del Silencio: “Impunidad. Responsabilidad del Estado. Ayer y Hoy”

Como desde hace 22 años, el sábado 20 de mayo marcharemos con la consigna “Impunidad. Responsabilidad del Estado. Ayer y Hoy”.
Los convocamos a que nos acompañen saliendo desde Rivera y Jackson a las 19 hs., como cada año en silencio, sin consignas ni banderas partidarias.
Este año, algunos por primera vez, otros ya desde hace años se realizan marchas y concentraciones en el interior del país:
PIRÁPOLIS – MALDONADO , RIVERA, FLORIDA, SAN JOSÉ, PAYSANDÚ, MERCEDES, TACUAREMBÓ, MELO, ROCHA, SALTO, JUAN LACAZE, CARMELO, TREINTA y TRES – MINAS – FLORES – FRAY BENTOS – ARTIGAS….
En el exterior:
BUENOS AIRES – PARÍS – SANTIAGO DE CHILE

Homenaje a las y los compañeros del Liceo Zorrilla: Viernes 19, Hora 13

Corría el año 2015 cuando invitamos a un pequeño grupo de ex estudiantes del Zorrilla para que vinieran a compartir sus recuerdos sobre la represión en el liceo durante la dictadura. La experiencia fue tremendamente emotiva y fresca. Reveló la NECESIDAD de reconocer el compromiso de varias generaciones de estudiantes y docentes en la lucha contra el avasallamiento de las libertades.
Durante el 2016, el Gremio de estudiantes, el Núcleo sindical de ADES y los funcionarios de ATES formalizamos la solicitud para la instalación de una PLACA DE LA MEMORIA. Nos gratifica especialmente el carácter intergeneracional de este proyecto.
De ahí en adelante, gracias a la generosidad de quienes compartieron con nosotros durísimas experiencias personales, recordando, reviviendo, comenzamos a conocer los nombres de muchas y muchos de esos compañeros. No podríamos colocar esta Placa sin la ayuda invaluable de las organizaciones de derechos humanos que difundieron la iniciativa para tejer esta trama (que sabemos aún incompleta).
Elegimos convocar a este encuentro bajo la consigna “CONTRA EL OLVIDO Y POR LA JUSTICIA” y que los muros dieran cuenta de la historia viva que transcurrió entre ellos.
 
GREMIO ESTUDIANTIL DEL ZORRILLA
NÚCLEO SINDICAL
A.D.E.S MONTEVIDEO, FENAPES, PIT-CNT
A.T.E.S., PIT-CNT

Este mundo no me parece justo y batallo ahora muriendo para crear un mundo justo

Para comprender la génesis histórica del 1º de mayo hay que remontarse al Congreso de 1894 de la Federation of Organized Trades an Labor Unions de Estados Unidos, ya que decidió iniciar el 1º de mayo de 1886 una campaña nacional de huelgas y manifestaciones para obtener la jornada laborable de ochos horas. En el gran centro industrial de Chicago la campaña se preparó desde abril. El 25 se congregaron en mitín unos 25.000 trabajadores que escucharon la palabra de Augusto Spies y Albert Parsons.

El 1º de mayo una marcha de 40.000 obreros en huelga, encabezados por Parsons y su esposa Lucy , desfiló por el centro de Chicago ante la atenta vigilancia de 1.350 miembros de la guardia nacional armados a guerra. El 3 de mayo en una reunión cerca de la fábrica de maquinaria agrícola Mc Cormick (International Harvester), que se encontraba en huelga desde febrero y estaba trabajando con rompehuelgas, se produjo un duro enfrentamiento entre huelguistas despedidos y manifestantes por las ocho horas contra “krumiros” y la policía. A consecuencia del cual ésta mató a seis obreros con sus disparos.

La réplica fue organizada por los trabajadores en manifestación de protesta contra la violencia el 4 de mayo en la plaza Haymarket de Chicago. Esta transcurrió sin incidentes hasta que, al finalizar, un contingente policial penetró entre los obreros pretendiendo la dispersión del acto autorizado.

En esas circunstancias una bomba estalló entre los policías, matando a uno de ellos e hiriendo a decenas. En respuesta éstos abrieron fuego contra la multitud, provocando 38 muertos y 115 heridos, según algunas fuentes. El luctuoso episodio sucitó una ola de persecuciones antisindical que fue la causa de la declinación de la campaña por las ocho horas en los Estados Unidos (EE.UU.).

Presos y acusados

Bajo estado de sitio fueron detenidos cientos de sindicalistas, socialistas y anarquistas, entre los que fueron finalmente inculpados: August Spies (alemán, 31 años, periodista); Michael Schwab, (alemán, 33 años, tipógrafo y encuadernador); Adolph Fischer (alemán, 30 años, periodista); George Engel (alemán, 50 años, tipógrafo y periodista); Louis Lingg (alemán, 22 años, carpintero); Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil); Oscar Neebe (norteamericano, 36 años, vendedor); y Albert Parson (norteamericano, 39 años, periodista).

El juicio al que fueron sometidos estos trabajadores fue una total farsa. Entre otras cosas porque se eligió un jurado que ya estaba predispuesto a culpar a los detenidos al “comprar ” testigos. A esto se le suma la presión que ejercían los empresarios norteamericanos para reprimir y amedrentar el creciente proceso organizativo del proletariado norteamericano.

La prensa oficial contribuyó al clima hostil contra trabajadores y sindicalistas, hasta que finalmente el 20 de agosto de 1886 el jurado dictó sentencia, que condenó a pena de muerte a siete de los acusados y a 15 años de trabajados forzados a Neebe.

La ejecución

El 11 de noviembre de 1887 se consumó la ejecución de los militantes obreros y anarquistas Parsons, Spies, Fischer y Engel en el patio de la prisión de la ciudad de Chicago. A los acusados Schwab y Fielden les fue conmutada la pena de muerte por cadena perpetua, mientras que Lingg se habría suicidado en su celda incendiendo un pequeño cartucho de dinamita.

En 1893 el nuevo gobernador del Estado de Illinois, John Altegeld revisó la causa y reconoció públicamente la “odiosa maquinación judicial” puesta en acción en el proceso y que culminó con la muerte de estos sindicalistas.

Testimonios antes del asesinato

Poco antes de ser asesinados en la horca varios de los sindicalistas brindaron su último testimonio, el último pensamiento que la historia ha recogido.

Parsons antes de que le coloquen la soga al cuello declara: “Si es necesario subiré a la horca por los derechos del trabajo, la causa de la libertad y el mejoramiento de la surte de los oprimidos”.

Fischer sorprende a los guardias por su serenidad cuando explica: “Este mundo no me parece justo y batallo ahora muriendo para crear un mundo justo. En todo tiempo los poderosos han creído que las ideas de progreso se abandonarían con la supresión de algunos agitadores”. Y luego agregará: “No soy criminal y no puedo arrepentirme de lo hecho. ¿Pediría perdón por mis ideas, por lo que creo justo y bello?”.

Engel por su parte dirá: “¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonan millones otros caen en la degradación y la miseria”.

Spies, al disponerse a morir saludará proféticamente, llegará el: “Tiempo en que nuestro silencio será más poderoso que nuestras voces, que estrangula la muerte”.

La inteligencia al poder

El crimen que se comete en contra de los mártires de Chicago opacó el trabajo de una gran mujer que llevó adelante una actuación siempre comprometida con los explotados y desposeídos, ella fue Lucy Parsons, la compañera de Albert Parsons. Cuando su marido muere en la horca sostiene que “No se ha hecho justicia (refiriéndose al juicio), no podría hacerse porque cuando una clase está frente a otra es una hipocresía su sola posición”.

Cerca de donde se encuentran los restos de los sindicalistas asesinados en la horca hay una pequeña piedra en la cual se puede leer Lucy Parsons / 1859 – 1942. En el lugar siempre hay un puñado de flores.

Lucy fue una luchadora, una militante sindical de primear línea. A tal grado llegó el temor de las autoridades del momento en Estados Unidos (EE.UU) que se le prohibió realizar mitines y discursos sindicalistas en el territorio de Chicago. Esto no amilanó a esta combativa mujer y por eso desde el lago Míchigan, subida a una barcaza y con una “bocina” de metal, daba a conocer las reivindicaciones de la clase trabajadora.

 

Los datos históricos fueron recogidos del Semanario 7n, en el cual se recopila un trabajo realizado por el investigador Yamandú González Sierra.

 

Fuente: http://www.pitcnt.uy/sala-de-prensa/item/2071-martires-de-chicago

Homenaje a las Muchachas de Abril: Viernes 21, Hora 18, Mariano Soler 3098

El viernes 21 de abril instalarán una placa recordatoria en la casa de la calle Mariano Soler 3098, en homenaje a Laura Raggio, Diana Maidanick y Silvia Reyes, conocidas como “Las Muchachas de Abril”, asesinadas por las Fuerzas Conjuntas en 1974.

En el marco de lo dispuesto por los artículos 7 y 8 de la Ley 18.596, el Ministerio de Educación y Cultura realizará la ceremonia de instalación de una placa en homenaje a Laura Raggio, Diana Maidanick y Silvia Reyes, asesinadas en su domicilio en un operativo de las Fuerzas Conjuntas, en la madrugada del 21 de abril de 1974.

El acto se realizará el viernes 21 de abril a las 18:00 horas, en Mariano Soler 3098, lugar donde las jóvenes fueron ultimadas por las fuerzas represivas.

La Ley 18.596 de Actuación ilegítima del Estado entre el 13 de junio de 1968 y el 28 de febrero de 1985 y de reconocimiento y reparación a las víctimas, establece en su artículo 7º que “el Estado promoverá acciones materiales o simbólicas de reparación moral con el fin de restablecer la dignidad de las víctimas y la responsabilidad del mismo”.

Tales acciones tenderán a “honrar la memoria histórica de las víctimas del terrorismo y del uso ilegítimo del poder del Estado, ejercido entre junio de 1968 y febrero de 1985”.

Si bien la dictadura formalmente (se disolvió el Parlamento) comenzó el 27 de junio de 1973, la norma toma el inicio del período de reparación el 13 de junio de 1968 por el comienzo de la aplicación sistemática de las “Medidas Prontas de Seguridad” como procedimiento de gobierno e inspirado en el marco ideológico de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

A partir de esa fecha se reconoce la responsabilidad del Estado uruguayo en la realización de prácticas sistemáticas de tortura, desaparición forzada y prisión sin intervención del Poder Judicial, homicidios, aniquilación de personas en su integridad psicofísica, exilio político o destierro de la vida social.

Dicho período culmina el 28 de febrero de 1985, ya que al día siguiente asumió la Presidencia de la República, Julio María Sanguinetti, electo en forma democrática en las elecciones de noviembre de 1984.

Mientras que el artículo 8 determina que “en todos los sitios públicos donde notoriamente se identifique que se hayan producido violaciones a los derechos humanos de las referidas en la Ley, el Estado colocará en su exterior y en lugar visible para la ciudadanía, placas o expresiones materiales simbólicas recordatorias de dichos hechos. Podrá definir el destino de memorial para aquellos edificios o instalaciones que recuerden esas violaciones y podrá determinar la celebración de fechas conmemorativas de la verificación de los hechos”.

Las muchachas de abril

Las jóvenes luchadoras sociales Silvia Reyes, Laura Raggio, y Diana Maidanick, fueron acribilladas en la madrugada del 21 de abril de 1974 en una casa de la calle Mariano Soler al 3098.

Las tres jóvenes fueron asesinadas en un operativo dirigido por el Batallón de Artillería Nº 1 con apoyo de Artillería Nº 2, a cargo del general  Juan Rebollo y la participación de los generales Julio César Rapela y Esteban Cristi, y los mayores A. Méndez y José “Nino” Gavazzo, el coronel Manuel Cordero y los entonces capitanes Mauro Mauriño, Julio César Gutiérrez y el teniente Jorge Silveira.

El operativo realizado por las Fuerzas Conjuntas se desarrolló en la  madrugada del 21 de abril de 1974,  en la casa de la familia Barrios-Fernández en busca de Washington Barrios, militante del MLN-T y esposo de Silvia Reyes.

Pero Washington Barrios para entonces supuestamente ya había desaparecido en Córdoba, Argentina.

“En medio de ráfagas de ametralladoras se dirigieron al apartamento contiguo de la calle Mariano Soler 3098 bis, del barrio Brazo Oriental, y luego de derribar la puerta acribillaron a tres jóvenes compañeras de estudio y de militancia que en ese momento se encontraban durmiendo”, relata el historiador Álvaro Rico en “Ovillos de la Memoria”, y en el Tomo 1 de “Investigación  Histórica sobre la dictadura y el terrorismo de Estado en Uruguay 1973 – 1985).

Ellas eran: Diana Maidanick de 21 años, Laura Raggio de 19 años, y Silvia Reyes también de 19 años, quien además se encontraba cursando su tercer mes de embarazo, y esposa de Washington Barrios.

Por su parte, Stella Reyes hermana de Silvia, relató tiempo después en el libro “Guerrilleras. La participación femenina en el MLN-T”, del periodista Mauricio Cavallo: “A mi hermana  y a sus compañeras las mataron y remataron en forma brutal dentro de su casa, fue un operativo espantoso. A mi hermana la entregaron a la familia para velarla, tenía más de 30 impactos de bala, le faltaba más de la mitad de la cabeza y tenía las dos piernas acribilladas a metralla, de cerca”.

Al cumplirse los 40 años de los hechos, en 2014, se realizaron diversos homenajes y también se colocó una “Marca de la Memoria” en la calle Mariano Soler.

Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos: Intervención Fotográfica “No nos olviden”

Una serie de retratos de uruguayos detenidos desaparecidos intervienen el casco de un barco abandonado en la bahía de Montevideo, como forma de denunciar el poco avance que han tenido las investigaciones al respecto. La intervención llevada a cabo por el fotógrafo Agustín Fernández con el apoyo y colaboración de la organización de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, se puede observar desde la Rambla Edison, a la altura de la Central Batlle.

“Busqué una selección de retratos que fuera representativa de quienes fueron los desaparecidos, hombres y mujeres de distintas edades y profesiones. Una muestra de que la represión y desaparición de personas durante la dictadura uruguaya no fue una guerra entre dos bandos, como mucha gente quiere que se vea, fue un accionar cívico-militar contra su propia población civil.

Hace ya 31 años del regreso a la democracia en Uruguay, y sin embargo sólo se han podido encontrar en territorio uruguayo los restos de cuatro compañeros desaparecidos, de los 194 que tenemos registrados. La imagen del barco encallado y oxidado, es para mi representativa de la situación que estamos viviendo…” dijo el fotógrafo Agustín Fernández.

Los retratos, miden 3 mts. de base y 4 mts. de altura, muestran a mujeres y hombres detenidos desaparecidos durante el período del Terrorismo de Estado.

De todas las personas involucradas en la desaparición forzada de personas durante la dictadura uruguaya sólo se han realizado 30 procesamientos, de los cuales 25 se encuentran presos en una cárcel militar y 5 con prisión domiciliaria. Ninguno de ellos ha colaborado con información para ayudar a encontrar los restos de estas personas.

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Fotos: Roberto Calviño

Tras años de esfuerzo, se inauguró el Espacio Memoria en Mercedes

Después de varios años de un enorme esfuerzo finalmente se concreta este sitio de memoria y recordación tan importante, para todos nosotros.

El enorme trabajo desplegado por este grupo de compañeros que eligieron para realizar esta obra el camino más largo, pero sin duda el camino que da más recompensas. Podrían haber concretado esta obra en muchísimo menos tiempo, sólo mirando el aspecto económico. Sin embargo en la concreción de este proyecto, el corazón y el alma ha sido el trabajo solidario.

También es una suerte de homenaje a quienes aquí se nombran y sin duda un mensaje hacia la construcción de una sociedad más justa y solidaria, demostrando que con la lucha y participación desde distintos lugares esa construcción será más sólida, más comprometida

En nombre de Madres y Familiares queremos agradecer especialmente a la Comisión de Memoria de Soriano por el esfuerzo y la perseverancia que aportan a esta causa: la de los desaparecidos, que es la causa de todos.

En la lucha por el esclarecimiento de los hechos del pasado y el restablecimiento de la verdad, la sociedad civil y particularmente las organizaciones sociales, hemos ido avanzando con muchas dificultades pero sin pausas.

Hemos logrado destrabar algunos archivos, sobre todo los de los organismos represivos y de inteligencia, que han sido y van a ser documentación fundamental para poder aportar a restablecer la verdad y con ello que sean insumo para intentar hacer justicia, en un país donde tristemente la impunidad es la moneda corriente.

Muchos se preguntan por qué avanzamos tan poco, o por qué tanta lentitud. No estamos para poner excusas y ocultar la verdad, pues éste ha sido y es uno de nuestros reclamos permanentes.

Las comisiones que se formaron, en periodos anteriores, dieron algunos pasos, claro esta no los suficientes en el conocimiento y el restablecimiento de la verdad y en encontrar los restos de nuestros compañeros desaparecidos. Hoy hay condiciones para dar pasos decisivos en pro de este logro. En buena parte lograrlo, depende de nuestra movilización

Desde un tiempo a esta parte ha habido de parte del gobierno y particularmente del Presidente de la Republica, una actitud en colaborar y destrabar barreras que ayuden a esclarecer el camino de la verdad. Sin embargo, cuando comienza a desaparecer un obstáculo, hay otro que se hace visible; y hoy, ese obstáculo está en la ejecución de esta tarea: Urge la contratación de los equipos de trabajo para hacerla y poder trabajar con el material acumulado.

Mucho hacemos las organizaciones de DDHH con nuestra militancia. Pero no solo no es suficiente. No solo porque el cúmulo de horas, años, dinero para este trabajo, sino que no podemos ni debemos asumir el papel del Estado. La responsabilidad del Estado es inequívoca. Las sentencias internacionales, la condena en el caso Gelman, las denuncias que los familiares seguimos sosteniendo en el grupo de desaparición forzada de la ONU, y sobre todo la movilización y la denuncias sostenidas a nivel nacional apuntan a que el Estado, sin titubeos, debe hacerse responsable . ( Y es únicamente recorriendo éste camino, -de investigación, de verdad, que el Estado compromete su accionar en un Nunca más terrorismo de estado) (A 40 años, no podemos continuar con los secretos en manos de las fuerzas que nos reprimieron, que nos robaron la vida de tantos compañeros, que nos atemorizaron, que nos hicieron huir de nuestro país y es a los poderes del Estado democrático que les compete ese esfuerzo y ese lugar …).

Por estas razones y por muchas más, le hemos pedido al Presidente una reunión, cara a cara, para poder conocer de primera mano, sin intermediarios su opinión y poder así sortear las dificultades que tenemos.

Finalmente, no podemos dejar de mencionar a quienes han dado su vida por construir una sociedad más justa y solidaria: nuestros desaparecidos. En ellos encarnamos a todos quienes fueron asesinados, torturados, perseguidos víctimas de la represión y del terrorismo de estado, o simplemente a quienes dieron su vida por esta noble causa.

A todas nuestras queridas viejas que dedicaron buena parte de su vida a saber el destino de sus seres queridos. A las que están, como Cacha, Albita, Marieta, Olga o Milka y las que no están.

Y permítanme referirme, a una luchadora que con su indomable carácter y determinación enfrentó junto con muchos de los compañeros aquí presentes la represión y la cárcel. Quien con su incansable trajinar sembró con cariños y afectos, para que finalmente hoy , en su pueblo, naciera esta flor, que es el Espacio Memoria , nombrar a nuestra Doña Luisa Cuesta símbolo y referente ineludible de nuestra lucha, para ella también nuestro especial recuerdo.

Por Verdad, Justicia, Memoria y Nunca más Terrorismo de Estado

Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos

Mercedes, 10 de diciembre de 2016

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Andrés Peré, presente

Cuarenta y cinco años. Demasiados por vivir todavía, y pocos para abarcar todo lo que Andrés le brindó al movimiento popular, a sus compañeros, a la educación.

Apenas contaba con 3 años cuando la dictadura militar asesina a su padre, Ramón Peré. Una niñez y adolescencia durísimas, cobijado en el amor de su madre que lo dio todo para ampararlo de las necesidades materiales, y de la falta traumatizante  de su padre

Andrés siguió las huellas de su padre, militando en la UJC,  en el movimiento estudiantil y en el  PCU.

Frentemplista de siempre, con análisis críticos y aportando  para avanzar en democracia, Andrés se ganó el respeto y el afecto de muchísimos compañeros, de todos los palos, dentro y fuera del FA. Es que Andrés, con su aparente bohemia a cuestas, su guitarra, su solidaridad, su calidad y calidez humana, jamás regateó esfuerzos para consensuar cuando había discensos, para aplacar cuando había apasionamiento, para unir cuando había riesgos de rupturas.

Andrés fue un tejedor de sueños, apostando siempre a la lucha organizada, pero embarrándose las patas, junto al pueblo, peleando desde el llano, porque jamás le gustaron las alturas, y nunca aceptó ser postulado para una responsabilidad a nivel nacional, ni sindical ni política. Lo suyo era otra cosa.

Humilde como pocos, la sonrisa jamás faltaba de su rostro, incluso en los momentos más duros. Armando, un pucho, sin apuro, escuchaba con paciencia natural, y el tiempo se detenía; un intercambio con Andrés no quedaba en el olvido.

Profesor de Química, comprometido con sus estudiantes, con su liceo y compañeros de tantos años, Barros Blancos, jamás dejó de defender la lucha por una sociedad sin explotados ni explotadores; jamás dejó de defender la autonomía y el cogobierno de la Educación Pública.

Querible y querido por todos los que tuvimos oportunidad de militar junto a él; en las marchas del PITCNT; en las movilizaciones populares, siempre lo ubicábamos por su pelo largo y su figura delgada, con la sonrisa a cuestas y los brazos extendidos para el abrazo.

Andrés emanaba ternura, aunque no lo supiera, pero también firmeza ideológica y principios ´inquebrantables.

Disfrutó lo que la vida le daba, y así como militaba con pasión, su corazón rebozaba de Danubio, el cuadro de sus amores, al que seguía donde fuera.

 Enamorado de la viola, y del rock, en solitario o con amigos. Nada apuraba sus certezas, y cada golpe de la vida, lo hacía más grande, más fuerte.

Hace un tiempo, Andrés se enfermó, lo que lo obligó a transitar por un camino durísimo, tedioso, angustiante. De internación en internación, de diálisis en diálisis…y en medio, y durante…Andrés respondía el teléfono, aconsejaba, trasladaba, a veces internado…y uno no lo sabía. Con  humor e ironía, enfrentaba la adversidad para no dejar lo que estaba haciendo: vivir la militancia con alegría y no como una obligación, porque Andrés era entrega pura.

Su cuerpo no resistió, le dijo basta, a la misma hora que partió Fidel Castro…casualidades, o lo resolvió así.

Difícil pensar en una AGD, en un Congreso, sin Andrés. Porque militantes como él, no abundan.

Se viene a la memoria la canción de Sabalero a la muerte “…esa vieja, puta y fría…”, pero sabiéndolo, es posible imaginarlo haciendo una guiñada y diciendo “no es para tanto compañero”.

Andrés estará muerto, el día que dejemos de pelear, de caminar calles bajo consignas con las gargantas gastadas; el día que dejemos de estudiar, el día que no sepamos diferenciar enemigo de discrepancia, el día que nos dejemos arrastrar por la ideología dominante, el día en que  nos quedemos en la cortita sin levantar la mira para continuar la persistente lucha por una sociedad justa, sin explotados ni explotadores.

Andrés estará vivo, si logramos integrar lo sustancial de su esencia: honradez, humildad, unidad, justicia, respeto y entrega, amor por la causa.

Comité Ejecutivo, FeNaPES

Acto homenaje a Santiago Rodríguez Muela: Jueves 11, Hora 18:30, frente al Liceo 8

La Asamblea General de ADES Montevideo resolvió acompañar el acto homenaje a Santiago Rodríguez Muela,

estudiante y trabajador asesinado por una banda fascista el 11 de agosto del 72.

Mientras se desarrollaba una asamblea en el Liceo Nº 8,

Santiago fue baleado defendiendo la puerta de dicho centro

para proteger con valentía a estudiantes, profesores y padres que participaban de la asamblea.

¡La lucha de nuestros mártires continúa hoy más que vigente,

debemos continuarla y acabar con la impunidad de ayer y de hoy!

Nos encontraremos entonces este 11 en el acto, camino al 14 de agosto.

1° de Mayo: Día de Rebelión

En 1885 volaba de mano en mano entre los trabajadores de EEUU una octavilla que decía:

“¡Un día de rebelión, no de descanso! (…) Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación. Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo. Un día en que comenzar a disfrutar ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas para lo que nos dé la gana”

El 1° de mayo de 1886 la huelga por la jornada de ocho horas estalló de costa a costa de los Estados Unidos. Más de cinco mil fábricas fueron paralizadas y 340.000 obreros salieron a calles y plazas a manifestar su exigencia. En Chicago los sucesos tomaron rápidamente un sesgo violento, que culminó en la masacre de la plaza Haymarket (4 de mayo) y en el posterior juicio amañado contra los dirigentes anarquistas y socialistas de esa ciudad, cuatro de los cuales fueron ahorcados un año y medio después.

Cuando los mártires de Chicago subían al cadalso, concluía la fase más dramática de la presión de las masas asalariadas (en Europa y América) por limitar la jornada de trabajo. Fue una lucha que duró décadas y cuya historia ha sido olvidada, ocultada o limpiada de todo contenido social, hasta el punto de transformar en algunos países el 1° de mayo en una mera fecha “festiva” o en un día franco más. Pero sólo teniendo presente lo que ocurrió, adquiere total significación la fecha designada desde entonces como “Día Internacional de los Trabajadores”.

A mediados del siglo XIX, tanto en Europa como en Norteamérica, en las emergentes factorías industriales, se exigía a los obreros trabajar doce y hasta catorce horas diarias, durante seis días a la semana, incluso a niños y mujeres, en faenas pesadas y en un ambiente insalubre o tóxico. Los emigrantes europeos, que llegaban entonces a los Estados Unidos en busca de un mundo mejor, cambiaron los resabios feudales que todavía pesaban sobre sus hombros por la voracidad desbocada de un capitalismo joven, que multiplicaba sus ganancias ampliando al máximo la jornada de trabajo. Extraños en un país desconocido, los inmigrantes crearon las primeras organizaciones de obreros agrupándose por nacionalidades, buscando primero el apoyo y la solidaridad de los que hablaban la misma lengua, constituyendo luego gremios por oficios afines (carpinteros, peleteros, costureras), y orientando su acción por las vías del mutualismo.

textil

El desarrollo de la industria manufacturera, el perfeccionamiento de máquinas y herramientas, la concentración de grandes masas obreras en los Estados del Noreste, proporcionaron el terreno donde germinó la propaganda de los emigrados. La primera huelga brotó, 60 años antes de los sucesos de Chicago, entre los carpinteros de Filadelfia, en 1827, y pronto la agitación se extendió a otros núcleos de trabajadores.

La agitación obrera continuó y desde el otro lado del mar llegaban noticias alentadoras. Cediendo a la presión sindical, el Gobierno inglés promulgó una ley (1844) que redujo a 7 horas diarias el trabajo de los niños menores de 13 años, y limitó a 12 horas el de las mujeres. Se esperaba lograr pronto allí la jornada de 10 horas para los adultos, hombres y mujeres.

Entre tanto en Estados Unidos en 1873, las cosas empeoraron repentinamente para los trabajadores. La crisis que se veía venir llegó finalmente arrojando a la cesantía a centenares de miles de obreros. Las fábricas cerraban sus puertas y los cesantes vagaban como lobos por las calles, alimentándose de los desperdicios que encontraban en las latas de basuras. El invierno de 1872-73 dejó un horrible saldo de muertos de hambre y frío, como no se tenía memoria en los Estados Unidos.

La lucha de clases se hizo tan violenta que la burguesía organizó grupos civiles armados para proteger sus riquezas. La prensa “de orden” exaltaba diariamente a pertrecharse y a extender las bandas armadas anti obreras. Se formaron así verdaderas milicias privadas, cuando no grupos de matones y hasta empresas de rompehuelgas, con sucursales en los centros industriales más importantes, al servicio de los propietarios.

Pese a la ofensiva en su contra, el movimiento obrero norteamericano siguió fortaleciéndose. En 1881 se constituyó en Pittsburgh la American Federation of Labor (AFL), Federación Norteamericana del Trabajo, que exigió en su primer congreso un más riguroso cumplimiento de la jornada de 8 horas para los que trabajaban en obras públicas. En su segundo congreso, celebrado en Cleveland en 1882, la AFL aprobó una declaración, presentada por los delegados de Chicago, para que se extendiera el beneficio de las 8 horas a todos los trabajadores, sin distinción de oficio, sexo o edad.

Los preparativos de la huelga general del 1° de mayo de 1886 habían empezado a gestarse dos años antes, en noviembre de 1884, cuando se reunió en Chicago el IV Congreso de la AFL (La AFL se llamaba entonces Federación de Sindicatos Organizados y Uniones Laborales de los EE.UU. y Canadá.) A medida que la fecha fijada se acercaba, las organizaciones sindicales trabajaban animosamente. El número de sus adherentes se había triplicado en esos meses.

Ante la pujanza del movimiento sindical, ciertas empresas no pudieron esperar la fecha fijada para conceder las 8 horas sin disminuir los salarios. Más de 30.000 obreros se beneficiaron ya en el mes de abril, principalmente los mineros de Virginia.

1° DE MAYO DE 1886

Por fin, la fecha tan esperada llegó. La orden del día, uniforme para todo el movimiento sindical, era precisa: ¡A partir de hoy, ningún obrero debe trabajar más de 8 horas por día! ¡8 horas de trabajo! ¡8 horas de reposo! ¡8 horas de recreación! Simultáneamente se declararon 5.000 huelgas y 340.000 huelguistas dejaron las fábricas, para ganar las calles y allí vocear sus demandas.

En total, 125.000 obreros conquistaron la jornada de 8 horas el mismo 1° de mayo. A fin de mes serían 200.000, y antes que terminara el año, un millón. Aunque no sería la victoria absoluta.

En Chicago, los sucesos tomaron un giro particularmente conflictivo. Los trabajadores de esa ciudad vivían en peores condiciones que los de otros Estados. Muchos debían trabajar todavía 13 y 14 horas diarias; partían al trabajo a las 4 de la mañana y regresaban a las 7 u 8 de la noche, o incluso más tarde, de manera que “jamás veían a sus mujeres y sus hijos a la luz del día”. Unos se acostaban en corredores y desvanes; otros, en inmundas construcciones semiderruidas, donde se hacinaban numerosas familias. Muchos no tenían ni siquiera alojamiento.

Pese a los éxitos parciales de algunos sindicatos, la huelga en Chicago continuaba. Una sola chimenea seguía echando su humo negro sobre la región: la fábrica de maquinaria agrícola McCormik, al Norte de Chicago. Su fundador Cyrus McCormik, había muerto poco antes y dejado en el testamento una suma considerable de dinero para levantar una iglesia. Pero su heredero resolvió construir el templo sacando los fondos de un descuento obligatorio a sus obreros, que lo rechazaron. El 16 de febrero de 1886 estalló la huelga. Entonces, McCormik hijo contrató cientos de rompehuelgas a través de los hermanos Pinkerton  y desalojaron en medio día la fábrica, que estaba ocupada por los trabajadores.

Cuando estalló la huelga general del 1° de mayo, McCormik seguía funcionando con el trabajo de los rompehuelgas, y no tardaron en producirse choques entre los restantes trabajadores de la ciudad y los “amarillos”. El ambiente ya estaba caldeado, porque la policía había disuelto violentamente un mitin de 50.000 huelguistas en el centro de Chicago, el 2 de mayo. El día 3 se hizo una nueva manifestación, esta vez frente a la fábrica McCormik, organizada por la Unión de los Trabajadores de la Madera. Estaba en la tribuna el anarquista August Spies, cuando sonó la campana anunciando la salida de un turno de rompehuelgas. Sentirla y lanzarse los manifestantes sobre los “scabs” (amarillos) fue todo uno. Injurias y pedradas volaban hacia los traidores, cuando una compañía de policías cayó sobre la muchedumbre desarmada y, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre ella, 6 muertos y varias decenas de heridos fue el saldo de la acción policial.

Se convocó a una gran concentración de protesta para el 4 de mayo, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket. Se reunieron unas 15.000 personas. Los discursos eran moderados y la muchedumbre se comportaba con tranquilidad, pese a la gravedad de la masacre del día anterior frente a McCormik.

Empezaba a llover, como culminación de un día helado y húmedo, la gente comenzaba a dispersarse. Algunos obreros se dirigieron incluso al Zept Hall, cervecería que quedaba en las proximidades, para seguir a través de sus ventanas la manifestación. En la plaza, la muchedumbre ya estaba reducida a unos pocos miles cuando 180 policías avanzaron de pronto sobre los manifestantes con los capitanes Bonfield y Ward al frente, quienes ordenaron terminar el mitin de inmediato y a sus hombres tomar posiciones de disparar. Ya se alzaban los fusiles cuando, desde el montón uniforme de los manifestantes, se vio salir un objeto humeante del tamaño de una naranja, que cayó entre dos filas de los policías, levantando un poderoso estruendo y arrojando por tierra a todos los que se encontraban cerca. Sesenta policías quedaron heridos de inmediato y uno muerto. Fue la señal para que se desatara un pánico loco y una carnicería más terrible que la de la víspera. Rehechos en sus filas y apoyados por refuerzos, los policías cargaron salvajemente sobre la multitud, disparando y golpeando a diestra y siniestra. El balance dejó un total de 38 obreros muertos y 115 heridos. Otros 6 policías alcanzados por la bomba murieron en el hospital.

Esa misma noche, Chicago fue puesto en estado de sitio, se estableció el toque de queda y la tropa ocupó militarmente los barrios obreros. Al día siguiente, la nación estaba conmocionada por los sucesos y la gran prensa no reparó en nada para calumniar a radicales, anarquistas, socialistas y trabajadores extranjeros. El 5 de mayo, “The New York Times” daba por hecho que los anarquistas eran los culpables del lanzamiento de la bomba. La policía realizó una batida contra 50 supuestos “nidos” de anarquistas y socialistas, detuvo e interrogó de manera brutal a unas 300 personas.

La policía estaba más interesada en conseguir pruebas en contra de los detenidos que en localizar al que había arrojado la bomba. Se ofreció dinero y trabajo a cuantos se ofrecieron a testificar a favor del Estado.

Los locales sindicales, los diarios obreros y los domicilios de los dirigentes fueron allanados, salvajemente golpeados ellos y sus familiares, destruidas sus bibliotecas y enseres, escarnecidos y, finalmente, acusados en falso de ser ellos quienes habían confeccionado, transportado hasta la plaza de Haymarket y arrojado la bomba que desencadenó la feroz matanza. Ninguno de los cargos pudo ser probado, pero todo el poder del gran capital, su prensa y su justicia, se volcaron para aplicar una sanción ejemplar a quienes dirigían la agitación por la jornada de 8 horas. Spies, Parsons, Fielden, Fischer, Engel, Schwab, Lingg y Neebe pagaron con sus vidas, o la cárcel, el crimen de tratar de poner un límite horario a la explotación del trabajo humano.

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El 11 de noviembre de 1887, un año y medio después de la gran huelga por las 8 horas, fueron ahorcados en la cárcel de Chicago los dirigentes anarquistas y socialistas August Spies, Albert Parsons, Adolf Fischer y George Engel. Otro de ellos, Louis Lingg, se había suicidado el día anterior. La pena de Samuel Fielden y Michael Schwab fue conmutada por la de cadena perpetua, es decir, debían morir en la cárcel, y Oscar W. Neebe estaba condenado a quince años de trabajos forzados. El proceso había estremecido a Norteamérica y la injusta condena (sin probárseles ningún cargo) conmovió al mundo. Cuando Spies, Parsons, Fischer y Engel fueron colgados, la indignación no pudo contenerse, y hubo manifestaciones en contra del capitalismo y de sus jueces en las principales ciudades del mundo. Fueron los héroes de Chicago los que grabaron a fuego en la conciencia obrera aquella fecha inolvidable. El 20 de agosto de 1886, ante el Tribunal en pleno, fue leído el veredicto del Jurado: condenados a muerte Spies, Schwab, Lingg, Engel, Fielden, Parsons, Fischer y a 15 años de trabajos forzados, Oscar W. Neebe. Se les concedió el uso de la palabra a los sentenciados. Sus discursos se conservan, hiela la sangre leerlos. Se trata de hombres que sabían de antemano que serían condenados a la pena capital y por un crimen que no habían cometido. El 11 de noviembre de 1887 se consumó el crimen legal. Engel, Spies, Parsons y Fischer fueron ahorcados. Los funerales de los Mártires de Chicago se efectuaron el día 12 de noviembre de 1887.

El ataúd de Spies iba oculto bajo las coronas; el de Parsons, escoltado por 14 obreros que llevaban una corona simbólica cada uno; el de Fischer, adornado con guirnaldas de lirio y clavelinas; los de Engel y Lingg, envueltos en banderas rojas. 25.000 personas asistieron a las exequias y otras 250.000 flanquearon el recorrido. Durante días las casas obreras de Chicago exhibieron una flor de seda roja clavada a su puerta en señal de duelo.

La primera conmemoración pública del día internacional de los trabajadores en nuestro país tiene lugar el 1 de Mayo del año 1890, apenas 4 años después de los trágicos sucesos de Chicago que dieran origen y significación a la fecha.

Los sucesivos primeros de Mayo se convirtieron en jornadas de genuina lucha obrera en donde los trabajadores ganaban las calles y plazas para tomar la palabra. Eran días en donde “el sudor desplazaba al perfume”.

Las diferentes corrientes de opinión del movimiento obrero y sus diversas expresiones sociales y políticas hacían sentir sus reclamos y el eco de sus justas demandas se multiplicaban al paso de las columnas de trabajadores.

Vemos como se van sucediendo nuevos intentos para transformar esta fecha emblemática de los trabajadores en un mero día de descanso y vacío de contenido. Se ha intentado justificar a los “carneros” con el argumento del derecho que deben tener de trabajar este día, desconociendo la sangre derramada por los compañeros en pos de ganar este y muchos otros derechos. Nuestra sangre.

La prisión, la muerte, el exilio, no pueden contener nuestra conciencia, es el único lugar en donde no podemos dejarlos entrar, nuestra libertad depende de ello. Somos lo que pensamos, somos lo que defendemos, somos lo que hacemos, somos sólo con nuestros compañeros.

Pablo Siqueira

Fuentes:

http://madrid.cnt.es/1-de-mayo/historia/

http://www.ugt.es/ugtpordentro/historia1demayo.htm

http://www.archivochile.com/

Homenajes/1mayo/1may0007.pdf

http://elpolvorin.over-blog.es/article-los-primeros-de-mayo-en-uruguay-48760156.html

http://www.elblogsalmon.com/historia-de-laeconomia/un-repaso-a-la-historia-1-de-mayo

Sacco y Vanzetti: un mensaje de lucha y esperanza que atraviesa los tiempos

Un 23 de agosto de 1927, eran ejecutados en la silla eléctrica los militantes anarquistas Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti.

“¡Oh, compañeros míos, continuad vuestra gran batalla! ¡Luchad por la gran causa de la libertad y de la justicia para todos! ¡Este horror debe terminar! Mi muerte ayudará a la gran causa de la humanidad. Muero como mueren todos los anarquistas, altivamente, protestando hasta lo último contra la injusticia… Por eso muero y estoy orgulloso de ello! No palidezco ni me avergüenzo de nada; mi espíritu es todavía fuerte. Voy a la muerte con una canción en los labios y una esperanza en mi corazón, que no será destruida…”

Nicola Sacco

“He luchado toda mi vida por desterrar los crímenes… que la moral oficial y la ley oficial no condenan y santifican: la explotación y la opresión del hombre por el hombre… Nada es la pérdida de nuestras vidas”.

Bartolomeo Vanzetti

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