Editorial ADES Montevideo: Mayo de 2015

 

Entre decir todo y no decir nada

Año 2015,  año de presupuesto. Con eso basta para decirlo todo, para comprender que iniciamos un periodo de lucha intensa y decisiva. En los próximos meses se resolverá la cantidad de recursos con los que contará la Educación Pública de nuestro país. Comenzará a verse cuánto de lo prometido en la campaña electoral se cumple, aunque ya los anuncios no son nada alentadores. El ministro Astori declaró que difícilmente se logre alcanzar el 6 % prometido a la Educación. Sumemos a esto la eminente reforma educativa que se avecina, probablemente a través de la ley de presupuesto, cosa que se ha convertido en un mecanismo habitual, basta recordar lo que se intentó hacer con el Pro Mejora. Teniendo en cuenta lo que el almanaque de los próximos meses nos propone, se hace extremadamente necesario anticipar el golpe que el gobierno le dará a la Educación. Para esto debemos analizar con detenimiento el documento que será base de la futura reforma: “La Educación prioridad de país: aportes a la construcción de una educación genuinamente inclusiva”, elaborado por la Fundación 2030, entre cuyos redactores principales está Fernando Filgueira, actual subsecretario del Ministerio de Educación y Cultura. En ningún lado está el texto completo y efectivo que anuncie la reforma, pero este documento es la base de la propuesta programática en materia educativa del partido de gobierno. Sumemos a esto que las inspecciones, en perfecta sincronía, se han convertido desde las salas de asignatura, en polea de transmisión de algunas de las propuestas que están en el documento, aun sin que el  mismo haya sido establecido como norma. Es por esto que desde ADES Montevideo, desde su Asamblea, se ha invitado al análisis y discusión de este texto. La Comisión de Proyecto Educativo ha hecho sus lecturas y ha elaborado un análisis, que no está cerrado ni clausurado a otros aportes. Exponemos aquí, en esta editorial, parte de nuestra lectura y de nuestras críticas, con la intención clara y simple de incentivar el análisis detallado del documento, de lo que el mismo dice y de lo que calla.

Hay cuestiones de estilo, de las formas de construcción del decir, que no pueden pasarse por alto. Se presenta el documento con palabras tales como “aportes”, “diálogo”, “construcción”, “discusión”, “plural”, que sugieren participación, apertura en la futura elaboración de una propuesta educativa. Pero la lectura atenta detecta luego el tono imperativo, clausurado de ciertos axiomas que se proponen como indiscutibles, sin problematización ninguna. La crisis de la Educación es un hecho, la necesidad de que la misma se adapte a un mundo global y tecnológico, de que responda a las necesidades empresariales son innegables para los autores del proyecto. También es indiscutible que la educación debe estar dirigida por el sistema político y es acá donde nuestra participación y la tan reclamada autonomía de la educación quedan hechas añicos.

“Es imprescindible que el país se fije las grandes metas y objetivos en materia educativa en una perspectiva de mediano a largo plazo. Estas metas deben estar sustentadas en el liderazgo del gobierno legitimado por las urnas, y en acuerdo con los partidos políticos con representación parlamentaria, para construir el marco apropiado para establecer un proyecto nacional con la participación de la diversidad de actores políticos, sociales y las instituciones educativas.”

El diagnóstico, el punto de partida, exige un análisis más profundo, que no caiga en lugares comunes que no tienen un sustento que los justifique. Las imprecisiones en este sentido llegan a tal extremo que los autores se precipitan en ciertas contradicciones, como defender propuestas evaluativas estandarizadas, bancos de problemas generales para instituciones y docentes y luego proponer una adaptación curricular para cada alumno y modo de aprendizaje. A esto último se agrega la imposibilidad real de que los docentes hagamos tal cosa en las presentes condiciones de trabajo. Nuevamente los profesores somos responsabilizados de la situación actual de la educación, pues se expresan cosas tales como que los alumnos no soportan estar en un aula o se menciona el tan reiterado ausentismo docente. Capítulo aparte merece el tono New Age del discurso, de manual de autoayuda, que más allá de alguna sonrisa que pueda provocar, no es en nada inocente.

“Cuando un niño o una niña es capaz de percibir que dos símbolos representan cosas concretas que pueden ser sumadas y que hacen que un mundo de unidades pueda ser integrado en un nuevo mundo de resultados, la humanidad celebra. Cuando un joven entiende que, ante recursos escasos, las decisiones que tomemos de cómo asignarlos o con que sistema asignarlos afectaran en forma diferencial el bienestar de las personas, el mundo ha dado un paso sustancial.”

 En su poema Altazor o el viaje en paracaídas, el poeta chileno Vicente Huidobro expresó que “las palabras tienen demasiada carga”. La felicidad del individuo parece ser responsabilidad última de la educación, la política y la economía nada tienen para decir y hacer en ese tema. Sí ponemos atención a la última afirmación, la educación se convertiría en la imposición de un ánimo conformista en la línea más tradicional de la economía clásica. Los recursos son escasos y entender esto implica aceptar lo poco que se tiene, es la oficialización como política económica de la frase “es lo que hay valor” y por lo tanto, la aceptación de que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

Estos mesías de la educación transforman en Lázaro al Pro Mejora. Rescatan aquello de la autonomía de centro, pero dentro de un marco nacional vigilante, que a través de “usinas de problemas” lesiona la libertad de cátedra de los docentes, pues no queda claro que esos bancos suministren un material que sea simplemente una sugerencia. La contextualización limitada del conocimiento, su vinculación estricta al ámbito que rodea a la institución educativa, la relación con los sectores productivos de la zona, apuntan a generar vallas, muros, horizontes limitados para nuestros estudiantes. La confirmación de un destino manifiesto, educación para pobres y educación para ricos. Si uno se detiene en los objetivos del bachillerato, que será en realidad “Educación para jóvenes”, llama la atención que se proponga la renuncia a preparar alumnos para la universidad, y que diga explícitamente que los estudiantes que quieran seguir con esa opción deban completar su preparación en otras instituciones.

Primarización del ciclo básico, educación básica de 3 a 15 años, séptimo, octavo y noveno, diferenciación salarial de acuerdo a cursos y contexto de trabajo, intromisión de lo privado en lo público, falsa autonomía, imposición, como algo novedoso, del trabajo por proyectos y de la interdisciplinariedad, lesiones a la libertad de cátedra… El espacio de esta editorial no es el suficiente como para desarrollar todas las críticas que se le puede hacer a este documento, que por momentos parece carecer de toda seriedad, pero que como resultado final termina siendo realmente preocupante, sobre todo si pensamos la alta probabilidad de que se vuelva realidad.

El disfraz de la palabra, el ocultamiento, el silencio, son las armas de los tecnócratas y de los políticos. En nuestro caso, tales cosas, sólo pueden ser el ciego escudo de nuestra derrota, de la derrota de la Educación Pública. Desde ADES Montevideo y desde la Comisión de Proyecto Educativo de este sindicato, invitamos a los compañeros, a los colegas, a hacer una lectura profunda y crítica del documento. A su vez los invitamos a enviar sus aportes a nuestra comisión, a sumarse a ella, a elaborar propuestas, a generar, desde nuestro rol y ser docente, alternativas a tanta imposición, de mercaderes y de mercado.

Comisión de Proyecto Educativo de Ades Montevideo

proyeduades@gmail.com