Confesiones, derrotas y esperanzas

salario docente 2

 

 

 

 

 

 

A propósito de huelgas y de marchas

Pongamos que es verdad, que ganamos muy bien, que no queremos trabajar, que faltamos mucho, que tenemos tres meses de licencia. Admitamos que es cierto, que somos unos radicales, que queremos voltear al gobierno, que le hacemos el juego a la derecha, que tenemos intenciones políticas. Confesemos, que somos los mismos del privado, que ahí no faltamos, que solo ponemos palos en la rueda, que no queremos cambios ni actualizaciones pedagógicas. Sí, somos gremialistas trasnochados, corporativistas, tirabombas de medio pelo. Y aún así, sabiendo todo esto, ¿usted es capaz de confiarnos a sus hijos para que los eduquemos? Hagamos trabajar un poco el pensamiento, salgamos de la comodidad que nos dan los medios al ofrecernos las ideas predigeridas y predirigidas. La Educación Pública no es asunto de unos pocos, si no entendemos esto estamos entregando una responsabilidad enorme a los políticos que han demostrado, desde hace tiempo, que no les interesa, a pesar de sus discursos, eso que dicen defender a capa y espada. Recursos dignos para la educación implican mejores condiciones de estudio para aquellos que menos tienen, para aquellos ciudadanos de segunda que no pueden ir a los colegios de los privilegiados económicos, justo esos colegios a donde mandan sus hijos los políticos. Aumentar los recursos implica mejoras salariales para docentes que deben trabajar más de las horas soportables física y mentalmente. ¿Acaso su hijo no merece la oportunidad pedagógica de un docente con posibilidades de capacitarse, de dedicarle el tiempo individual que cada alumno merece, que no esté agotado ni estresado por su labor? Si es verdad todo lo que dije al principio de este texto, ¿por qué seguimos confiando en estos demonios? ¿Por qué no los condenamos directamente por estafa? Señor, señora, si en verdad usted cree en los políticos y en sus medios de comunicación, si en verdad piensa que nuestra huelga es una pérdida de tiempo, un despropósito que sólo perjudica a los botijas, si hemos extraviado toda esperanza de que los cambios se logran por medio de la lucha, entonces, ¿qué nos queda? ¿Sentarnos a esperar, ver cómodamente el derrumbe de la Educación Pública, pensar con la camiseta, es decir, repetir sin pensar lo que nos dicen, dejarnos amansar hasta la derrota del desánimo? Una sociedad debe ser, por definición, solidaria. De esto nos vanagloriamos los uruguayos como un valor histórico, aunque hoy nos limitemos a ejercerla desde la caja de un supermercado, desde un teléfono, o desde un local de pagos. Señor, señora, esta lucha no es de los docentes, es de todos, porque cada lucha social es una lucha de todos. Maiakovski lo dice mejor que nosotros, dejemos que hablé él entonces:

 

“La primera noche

ellos se acercan y atrapan una flor

de nuestro jardín,

y no decimos nada.

La segunda noche

ya no se esconden

pisan las flores,

matan nuestro perro

y no decimos nada.

Hasta que un día

el más frágil de ellos

entra sólo en nuestra casa,

nos roba la luna,

y conociendo nuestro miedo

nos arranca la voz de la garganta.

Y porque no dijimos nada

ya no podemos decir nada.”

(Maiakovski)

Rafael Fernández Pimienta

Julio de 2013