Síndrome de Diógenes (de Sinope)

Nuestro día a día siempre empieza con grandes esperanzas, porque trabajamos siempre con el futuro, con la expectativa, con la construcción. Y el día a veces no fue tan genial, aunque volvemos con el pecho inflado o lo inflamos a la fuerza, porque lo que hacemos es maravilloso, pero conlleva la resiliencia y la aceptación de muchas realidades que no son las ideales, así como el mundo no lo es. La vocación sigue intacta pero la realidad nos cambia la perspectiva de los libros, de la tele y de nuestra propia formación. Nosotros,los docentes, nos enfrentamos sin diplomacia en el presente, interactuamos con la sociedad en carne propia, somos los grandes receptores de la realidad, esa que no se maquilla.

Vemos la inquietud, la vorágine, la violencia y la superficialidad del presente, y también la creatividad, el interés, las ideas, y las perspectivas de futuro de nuestros gurises.

Vemos sus problemas y sus dolores, como su crecimiento y sus fortalezas. Nos pasamos el día con miles de situaciones de todo tipo y color. Vemos más allá del verbo, de la célula, de la ley y de la lógica. En casa, seguimos trabajando, porque el tiempo no da. Volvemos a veces con grandes alegrías, otras, con el corazón estrujado.
Somos objeto obligado de la caricatura oportunista de los formadores de opinión, de los políticos y de las autoridades, que saben barrer muy bien abajo de la alfombra, cada cual con sus intereses.

Y sí, tenemos síndrome de Diógenes. Somos grandes acumuladores de realidad…

Antonio Ferreira