Somos todos los golpeados

Una madre le pegó a una maestra. No hay novedad, no hay escándalo todo sigue normalmente. Es que entre carnavales electorales y celestes con mundiales lo que importa son los circos. Desconozco los pormenores del caso, pero se me ocurre que este hecho es una alegoría. La maestra no es la maestra, la madre no es tan sólo la madre y el golpe es el golpe pero también mucho más. Hace tiempo que la Educación viene siendo golpeada desde todos los lados, golpes dados y alentados por quienes fingen preocupación y proponen soluciones precocidas de granujas con intereses. Aprovechando toda una serie de artificios han logrado convencer a muchos, lamentablemente muchos, que los educadores somos los culpables y que la educación es una cosa más bien accesoria y utilitaria: de nada sirve Platón pero si apretar una tuerca para una benefactora multinacional que viene a rescatarnos del tercer mundo. En el medio de todo este espectáculo se proclama que sólo vale el que tiene y así se premia a los que aportan al escenario. No otra cosa explica los obscenos sueldos de los políticos, de los futbolistas y de las vedettes de turno. Al lado de ellos un maestro, un profesor, no vale nada, porque nada o poco tiene. En una sociedad de estas un docente es un estorbo, un impedimento a la felicidad pasajera del consumo. Mirá si a alguno se le da por pensar y desarmar la escenografía, desenroscar las luces, borrarnos el maquillaje. En estos días una madre golpeó a una maestra. Si no nos damos cuenta que en ese gesto somos todos los golpeados, habremos renunciado a ser humanos, para convertirnos, en simples fieras que hacen trucos al golpe de látigo.

Rafael Fernández Pimienta

Junio de 2013