Vivir la vida en rojo y negro

Recuperar la memoria colectiva es una forma de reconstruirnos. También es luchar contra la memoria del poder, que es un poco desmemoriada. Esta entrevista fue publicada hace casi diez años en el Boletín de ADES-Montevideo, dividida en dos partes (diciembre de 2002 y febrero de 2003). Fue realizada por las compañeras Natalia Giosci y Fabiana Zilly, que a través de ella bucearon en las gestas individuales y colectivas, dejándonos llevar por los caminos que el movimiento sindical históricamente ha emprendido. Para no perdernos en el camino de la desmemoria y recomponer espacios de resistencia y lucha.

¿Qué es ser militante?
Es una pregunta que un esquemático te la responde en dos minutos, pero como no soy esquemática voy a tratar de decir resu­mir. Militante, en un principio, es estar com­prometido con una idea y llevarla a la prácti­ca, ver los errores y los aciertos, analizar lo que has hecho y lo que harás, como dice el tango: “lo que has hecho y lo que harás”. Después viene la práctica del militante. Está el militante gremial, está el militante político, está la militancia de la vida. El comportamien­to tuyo a diario para mí también es ser mili­tante, lo que quiere decir que mis ideas no sólo se plasman y se ratifican en la política, sino en la vida cotidiana, en todos los órde­nes. En tu casa, a veces en tu evaluación de si tenés algún pensamiento que no va de acuerdo con lo que vos pensás y te preguntas”. ¿Cómo estás pensando eso si vos tenés tales ideas políticas?”. La militancia generalmente se ve en lo político nada más. Pero eso es una parte. Por eso a veces la política es tan frívola, ¿por qué no se les cree a los políticos? Porque en los hechos, en la diaria, en lo cotidiano hacen totalmente lo contrario, y eso pasó muchas veces en épocas que yo puedo testificar. Siempre ha­blo de lo que veo con mis propios ojos, lo que constato con mis propios oídos y con mis sentimientos. Muchas veces oíamos a un compañero hablar “porque sí, porque la re­volución, el socialismo, el anarquismo, bla, bla, bla, el comunismo, o lo que sea”, pero en los hechos, en la vida “no política” había una gran contradicción. Ahí no está la uni­dad del militante en todos los órdenes de la vida.
En esa historia de ser militante en to­dos los órdenes de la vida vos ya hablaste de militancia político-partidaria. Si nos re­mitimos a cuando vos sentís que empezas­te a militar, ¿a dónde tenemos que ir?
Tenemos que ir al año 1959. Estaba ha­ciendo Preparatorio de Arquitectura y era la época de las inundaciones. Ahí empezamos a ayudar a gente que se les había volado o inundado la casa, a llevar ropa, comida. Es­tamos hablando del año 1959, y todo el que lea este reportaje va a tener que, para enten­der algunas cosas, ubicarse en aquellos años, porque cambió muchísimo todo. Cambió la militancia, cambió el país, cambió el lengua­je, pasaron muchas cosas. Aquel momento uno siempre dice que era muy especial, y entonces el joven dice: “¡Qué va a ser espe­cial!”, pero es muy especial para uno. Por­que ahora estoy evocando aquel momento en el que tenía 18 años y ahora tengo 62. En la vida cotidiana uno no vive con todo aque­llo y se olvidó de muchas cosas, y al retrotraerte te pegas con tu juventud, con el inicio de una parte de tu vida.
Pero volviendo al tema, yo vengo de una familia de emigrantes, de una familia muy modesta y muy especial porque mis padres eran árabes y tuvimos una disciplina muy fé­rrea porque el que manda en los árabes es el hombre y la mujer es un objeto… Siempre fui rebelde, pero no sé si fui rebelde de naci­miento o porque mi padre era tan autoritario que me hice rebelde. Desde chica no me gustó el autoritarismo, la injusticia, que me manda­ran. Creo que una parte de esa rebeldía ya venía conmigo. Mi educación fue tan autori­taria, que aún siendo hija de padres árabes a los 18 años me fui de casa. Allí comenzó mi militancia, mi inserción en la sociedad hacien­do cosas distintas. Después terminé Prepa­ratorios. Ya pintaba, me presenté a un Salón Nacional de pintura en el interior, y gané un premio. El premio era ir al museo de San José o estudiar en Bellas Artes, y por esas cosas de la vida elegí Bellas Artes. Allí conocí gen­te muy querida, que hoy está desaparecida la mayoría. Por el año 1963, cuando yo en­tré en Bellas Artes, estábamos todos con ideas parecidas. Y con esos compañeros muy queridos entré a la Federación Anarquista Uruguaya. Tomamos la Universidad, salimos de la Universidad, nos fuimos a un taller me­cánico de un viejo anarco, vino la división de la FAU porque estaba Cuba de por medio, y los que estábamos con Cuba y con los ti­ros nos fuimos para la FAU, y los que esta­ban del otro lado se quedaron en Bellas Ar­tes. Ese fue mi inicio directo en una organi­zación, y siempre me quedé ahí hasta que se hizo Partido por la Victoria del Pueblo en 1975. Ya estaba en el exilio en Buenos Aires, después me fui para Suecia, y definí que no tenía nada que ver con el Partido, con ningún partido. Respeto la síntesis que se hizo, pero soy coherente con mis ideas, no por capricho. En Suecia empecé a militar en el Comité de Solidaridad con Uruguay que for­mamos en 1975, en casa.
Incluso, cuando tenía 18 años, en 1958, tenía que votar por primera vez. El voto es obligatorio. Yo ni idea del anarquismo. Mi viejo me dijo: “Usted tiene que ir a votar”. “Yo no voy a votar a nadie”. “Usted tiene que ir porque es mayor de edad”. “Bueno, yo iré, pero no voy a votar a nadie. Yo no quiero patrones”. Hay un dicho: “Ni Dios, ni Estado, ni patrón”, pero yo lo decía natural­mente. A partir de ahí nunca voté a nadie hasta hoy. Y mira que el voto no es un principio para mí. Si yo creyera que mi voto pue­de hacer al mundo mejor, voto, pero el pa­norama es tristísimo. Yo no puedo ser como esos grandes pensadores, o grandes intelec­tuales entre comillas, o pseudo intelectuales que te dan una gran cháchara de platafor­mas. Sencillo. Yo la vida la hago sencilla como hago sencilla la militancia, por lo menos para expresarme. Después está el interior de uno que tiene todas sus contradicciones, sus ra­mas y sus enramajes, y sus líos, y a veces es muy oscuro y a veces está el sol. Simplifico la vida para poder hacer algo, porque si no simplificamos el pensamiento y la vida difícil­mente podamos caminar. Aunque los cami­nos son muy escabrosos, muy sinuosos y muy negros, pero por lo menos para poder “pisar fuerte”. Con dolor, con llanto, con bronca, con rabia, con fracasos, pero soy. Aunque me equivoque sé lo que estoy haciendo, por­que lo peor es hacer algo y no tener convic­ción. Así pasaron muchas cosas en este país. El tener convicción y tener claro tu pensamiento y acción te hace resistir los peores huracanes.
Veamos, algunos militantes, hablan­do de la década del 60, decían que “la re­volución era un acto mágico que iba a re­solver todos los problemas”. Planteaban que no se hablaba muchas veces de la fa­milia, ni del sexo, ni de los roles, porque “había que tomar el poder y después se vería” cómo se solucionaban los proble­mas que podía tener el país.
Eso es como saltar un abismo. Planteár­noslo de esta forma es desconocer lo ante­rior. En los años 55, 56, 57 éramos muy jóvenes, y no estábamos en ninguna organización, ni sabíamos para donde íbamos a rum­bear. Por ejemplo, entré a la FAU y era muy común ir a las casas de los compañeros, co­nocernos todos, hacíamos una vida normal como hace cualquier joven estudiante. Cuan­do vos después entras a una organización que está compartimentada, tabicada, eso cam­bia. Igual no suponíamos que venía ni repre­sión, ni dictadura, ni nada. Todos sabíamos acerca de la vida de los demás. El problema fue cuando vinieron las Medidas Prontas de Seguridad que pasamos a la clandestinidad, ese fue el problema. Ahí sí las organizacio­nes nos comenzaron a tabicar. Teníamos in­cluso un “yuto”. Un “yuto” quiere decir que no me llamaba María tal, me llamaba Irene, Sofía. Era por seguridad. Pero eso es poste­rior. Todos al principio estábamos en la le­galidad, y paulatinamente por la realidad his­tórica del país, nos fuimos introduciendo en otros sistemas de seguridad.
Pero, ¿estaba presente la idea de revolución?
En principio vos tenías la idea de un cam­bio social, no de revolución. Lo que pasa es que en los años 60 teníamos la referencia de Vietnam, teníamos a Cuba, había Dictadura en Brasil igual que en Argentina, y después en el 60 y pico, 64, ya se hablaba de golpe en Uruguay. Esto hacía que nos moviéramos de diferente manera. Trato de ubicarme en ese momento porque ahora puedo hacer otro razonamiento, pero de esa otra forma no vale. Más te digo en este país nadie pensó en el exilio y menos en un exilio tan lejos, nadie pensó en los desaparecidos. En el preso to­dos pensábamos, presos siempre pensamos que podíamos ir, era lo que teníamos más claro, pero no pensamos en todo lo demás que pasó, aunque hay gente que ahora dice: “Nosotros sabíamos del Golpe de Estado”, no sé si sabíamos, lo intuíamos. Tampoco sa­bíamos las consecuencias, porque además era la primera vez que los militantes del 60 estábamos presentes en un golpe. Ahora pienso en los riesgos que pasé, como trato de ser auténtica en mi expresión y conmigo misma, debo admitir que hay una gran parte de ellos que no los veía y si los veía no tenían una dimensión tan grande porque la cohe­sión en mi organización era muy fuerte. Pertenecí a una organización chica, los anarcos en aquel momento éramos pocos. Eso no quiere decir que no hayamos hecho cosas, porque la historia hoy, muchas veces no ha­bla de la FAU, nos ignoran. Sin embargo, la mayor parte de los desaparecidos fueron mi­litantes de FAU. Dentro de esa familia estaban la FAU, OPR, Resistencia Obrero Es­tudiantil, PVP. Así fue el desarrollo de la FAU en su historia. En este país se ignora ese cachón de historia, porque cuando se habla, se habla de los compañeros de MLN, que eran grandes compañeros, se habla del Par­tido Comunista, del Partido Socialista, etc. Lo mismo pasaba en aquella época.
Una de las veces que caí en cana, los milicos dijeron: “¡Ah! ¿Vos sos anarquista? Son los pichicomes de la sedición. Pero a ustedes no les sacamos nada, son duros, eh”.
En ese cachón de historia se daba una ideología muy fuerte, entre nosotros tenía­mos una confianza ilimitada porque caía un compañero y no me iba de la casa porque sabía que no iba a cantar. Por suerte no cantaron.
Cantaron otros cuando se transformó en PVP y la represión era diferente. Teníamos un convencimiento de que íbamos a cambiar no el mundo, sino la sociedad.
Aunque nosotros siempre hablamos que no hay fronteras tenemos que ser realistas, hablábamos del Uruguay, no hacíamos la re­volución internacional. Queríamos cambiar al Uruguay, queríamos un Uruguay más libre, más justo, más solidario, etc. Ahora hasta la derecha habla de justicia, libertad y soli­daridad. La confianza que nos teníamos era maravillosa.
Nunca dudamos de la palabra de un compañero y eso nos daba una gran fortale­za. Ojalá hoy pudiéramos tenerla. Ojalá.
¿Qué opinión te merecen los modelos internacionales que mayor influencia tuvie­ron en la década del 60, concretamente la Unión Soviética y Cuba? ¿Qué influencia tuvieron en los militantes uruguayos o con­cretamente en vos como militante?
Para mí como militante, la Unión Sovié­tica por supuesto que no tuvo ninguna influencia, al contrario. Era un Estado autoritario militarizado que es eso que llamábamos el Socialismo Real. Los compañeros pintores o dibujantes lo que hacen es la cara del obrero, la mano fuerte, como en las películas El Hombre de Hierro, El Hombre de Mármol, “todo por el Partido”, la fuerza, esa cosa maciza, donde todos son iguales, donde to­dos piensan iguales, como en El Mundo Fe­liz, los gametos a, b y c. Esa imagen te lo dice todo. En cambio, Cuba para nosotros estaba cerca, en América Latina. Había una revolución donde estaban Fidel y el Che Guevara. Ahí se dividía: Fidel o el Che. Y bueno, con Fidel nada, con el Che todo. El Che revolucionario, el Che solidario, el Che amigo, el Che argentino, el asmático, que se había ido de Cuba por las discrepancias con Fidel, se fue a África, al Congo, por todo eso que la historia ya ha contado, tuvo una influencia a nivel de América Latina, no solamente del Uruguay. In­clusive el rompimiento de la FAU, como lo dije antes, fue “con Cuba y con los tiros”, y la posición contraria. Me acuerdo de las manifestaciones enormes que se hacían en Montevideo gritando por 18 de Julio: “Cuba sí, yanquis no”, “Yanquis go home”, cuando vino Fidel a Uruguay, cuando vino el Che a Uruguay, todos lo queríamos ver, todos lo queríamos tocar. Como queríamos cambiar el Uruguay en lo inconsciente queríamos cambiar América Latina. El Uruguay tuvo fron­teras muy cerradas políticamente. Hablába­mos del internacionalismo, por supuesto, pero en los hechos lo que hacíamos era militar para y por el Uruguay. Cuba fue una gran influen­cia. Leyendo los diarios de esos años el es­tudiantado tuvo un protagonismo brutal has­ta con la dictadura de Paraguay y de Brasil. En aquellos años 62, 63, 64 la FEUU tuvo un gran protagonismo, hay que sacarle el sombrero a la FEUU de aquellos años, diferente a las organizaciones. Nosotros políticamente le dimos apoyo crítico a Cuba.
¿Qué significaba eso de apoyo crítico?
Apoyo crítico porque por un lado esta­ba la Unión Soviética y por otro estaba Pla­ya Girón, todo lo que hizo Fidel, hasta que Fidel se declaró marxista leninista y ahí se­guimos con el Che. Hubo un rompimiento político, no con el pueblo cubano. Había manifestaciones e íbamos igual, tampoco el sectarismo cuadrado donde te encerraste en el cuadradito y no salís más. El apoyo siem­pre fue crítico, es decir, apoyar a Cuba criti­cando su política. Fidel al principio no tenía nada que ver hasta que en el 61 dijo: “Y ahora me declaro marxista leninista”. Todo eso te­nía gran influencia en nosotros. Esto fue en el 61, yo entro a la FAU en el 64. No hay que olvidarse que uno era estudiante y un estu­diante se mueve siempre cuando ve que está de acuerdo aunque con muy pocas ideas. Ahora es difícil contestar como estudiante. Al estudiantado, no importaba mucho de dónde venían las ideas, pero si se estaba ha­ciendo algo y estaba el pueblo, se lo apoya­ba. Después cuando Fidel se define más po­líticamente se siguió igual manteniendo el apo­yo a esa revolución que se hizo. Aún hoy cuando hay un gran desacuerdo con Fidel, frente a lo que hay en el mundo, te quedas con Fidel, con todas tus discrepancias. Fui a Cuba y me maravillé de Cuba, de su educa­ción y de la gente que come todos los días, que tiene la salud y tiene la educación. En­tonces bueno pueden decir: “Eran partido”. Pero cuando yo fui a Cuba por primera vez en 1995 con todos mis prejuicios y mi ideo­logía presente dije: “Y bueno, si esto es un partido, me afilio al partido”. Esto no lo diría, pero prima en mí la honestidad conmigo misma y con los demás.

Esto si querés lo borramos de la entrevista.
No lo borres. No me voy a afiliar al par­tido. No me voy a afiliar nunca a un partido. Pero hay que reconocer que hablábamos del 61 y ahora hablamos del 2002. Yo no voy a ser tan negativa y obtusa para decir “es una mierda”, cuando en este país hay miseria, hay desnutrición, la salud sabemos cómo está, sa­bemos cómo está la educación, pilares bási­cos para que una sociedad pueda evolucio­nar. Después tenemos tiempo de criticar, pero en el arranque vos no podes defenestrar algo cuando ves que es positivo. Si yo pensara de diferente manera, yo digo: “¿Vos qué horizonte político tenés?” “Cero”.
Después viene todo el tema con res­pecto a las críticas a la libertad o a la fal­ta de libertad.
Si un pueblo no está alimentado y no está educado, no tiene libertad. ¿Cuál es la liber­tad? Si no tenés el estómago lleno, no podes pensar. Si no tenés alguna herramienta para saber que te están dominando, no tenés libertad. Y en definitiva, ante todo, la libertad la tenés que pelear dentro de vos y después la tenés que pelear hacia fuera. La libertad es muy compleja, no es estar en la calle y decir: “Váyanse los yanquis”, “El aborto me lo hago cuando quiera”. No, no es así la li­bertad. La libertad es muy compleja. Y la libertad se conquista primero adentro de una, de lo que vos realmente pensás, sustentas y después aplicas. Y lo aplicas no reventando vidrios. “Ah, los anarcos tira bombas”, no es eso la libertad, eso es otra cosa, que se mez­cla. La libertad es muy costosa y cuesta des­de adentro de uno. Porque vos podes estar en cana y podes estar libre, yo me puedo pasar diez años acá y ser libre. No es que la puerta me dé la libertad, podré tener ganas de ir por la calle, ganas de comer papas fri­tas, etc. Esas son estupideces que el poder y los imbéciles le enseñan a la gente de qué es la libertad para dividir en definitiva al pue­blo y hacerlo más sometido.
Vos hablabas de lo que significaba ser militante estudiantil, ¿pero qué significa­ba ser militante sindical? Porque coexis­tían en la época como dos elementos ferméntales.
Bueno, cuando yo me recibí me fui a tra­bajar a Paysandú, y ahí estaba todo el pro­blema de los precarios. Y llegué con toda la onda de Bellas Artes. Claro, eso yo lo asi­milé después, pero llegaba desde Montevi­deo y desplazaba a compañeros precarios, porque titulados había muy pocos en el inte­rior, y hasta el día de hoy deben haberlos. Por esta razón fui muy rechazada. Me acuer­do que llegué en la Onda y pregunté dónde había una pensión, que en aquel momento me costaba 5000 pesos. Me presenté en los liceos (el Piloto en la plaza Flores y el Nº 1), fui a la sala de profesores, y nadie se intere­saba por mí, y yo no me daba cuenta por qué era. Hasta que en julio surgió un proble­ma con un chiquilín de 1º que venía borra­cho, y se llamó a los profesores del turno para hablar del tema. Y yo plantee, “¿si vie­ne borracho, no será porque nosotros no le damos demasiado interés? De repente está mejor tomando sol que viendo nuestras ca­ras”. Y ahí se armó una gran discusión. Una vez que terminó, se me acerca una profesora, y me dice: “Yo me llamo fulana de tal, mi casa es en tal lugar, así que si querés vas por mi casa y charlamos”. Y yo le dije: “Yo vivo en tal pensión, así que si querés charlar vas por mi casa y charlamos”. Por supuesto que no fui a la casa. Ella vino a la pensión y conver­samos. Ella, que era titular, y que se llama Ana Tevenet, me explicó por qué era el re­chazo. Y yo le dije: “Pero tú también me re­chazaste”. “El problema, me dijo ella, es que yo soy de Paysandú y a la gente la conoz­co”. “Si claro, le dije, pero yo soy una traba­jadora, y si vine a Paysandú es porque nece­sito trabajar. Y aparte de trabajar, soy do­cente, y soy titular”.
En el liceo el ambiente era lindo. La gente del interior es más tranquila, o era más tranquila en aquellos años. Hasta que matan a Líber Arce. Yo estaba en la pensión, y escu­ché por la radio que habían matado a un es­tudiante. Entraba en mi turno, era mediodía si la memoria no me traiciona. Entonces me fui a la plaza, y tomé la decisión de no entrar a clase. Mis alumnos me preguntaban si iba a clase, y yo les decía: “No, no voy a entrar a clase, mataron a un estudiante. El que quiera se viene conmigo hasta el puerto, hablamos del estudiante, hacemos un minuto de silen­cio, y después cada uno si no quiere conversar o discutir se va para su casa o entra al liceo”. Y ahí se vienen una cantidad de mu­chachos conmigo. Luego voy a la casa de una compañera, y nos planteamos que tene­mos que hacer algo. Entonces armamos una manifestación por la muerte de Líber Arce con profesores y estudiantes. Hubo un alter­cado con un milico, no recuerdo muy bien lo que pasó, la cuestión es que terminamos unos cuantos presos. A todos los soltaron de ma­drugada, menos a mí. El problema es que ya sabían que yo viajaba todas las semanas a Montevideo. Incluso en el diario “El Telé­grafo” de Paysandú sale un artículo dicien­do: “Profesora revoltosa que vive en Mon­tevideo….”. Me acuerdo que era una pieza larga con camas, y yo de noche empiezo a hacer gimnasia. Había un milico con una metralleta en un rincón de la pieza, y yo le pre­gunto: “¿Y usted para qué me apunta si yo no me voy a escapar? ¿Cómo se llama?”. “Flores”, me dijo. “¿Usted es el padre de fulano y fulano?”. “Son mis hijos”, me dijo. “Bueno, yo soy profesora de ellos. ¿No me va a buscar cigarros?”. Lo trágico es que yo estoy tres días en cana, y ningún profesor va, ningún compañero va. Los que van son mis alumnos. Me llevan cigarros, algún diario. Geniales los chiquilines. Yo por eso defiendo siempre la juventud, porque además estoy defendiendo mi propia juventud, y la juven­tud de todos los que hoy somos viejos. Aquel que no la quiera defender, que se muera.
Me sueltan a las tres de la mañana. La comisaría estaba lejos del centro, como si estuviera en el Borro y yo tuviera que ir has­ta el Centro. Pensé inmediatamente: “Me voy para la pensión”. Pero hete aquí que yo via­jaba todos los martes con un tipo en la Onda que era abogado, y cuando supo que me lar­gaban me fue a esperar. Me chistó y me dijo: “María, soy yo, el de la Onda”. Yo no sabía ni cómo se llamaba, para mí era “el de la Onda”. “¿Adonde vas?”, me dice. “A la pen­sión”. “Pero si ya te echaron de todos lados: del liceo, de la pensión”. “Pero cómo, ¿si la pensión la pagué?”, le dije yo, “y del liceo tiene que venir una orden”. “Veníte para mi casa”, me dijo. “Pero si yo voy para tu casa soy una puta”, le contesté, “préstame plata y voy a un hotel hasta mañana”. Al otro día voy para la pensión y no me querían dejar entrar. Le dije a la dueña que yo había paga­do, y que si no me dejaba quedarme que me devolviera la plata. Me dijo que volviera más tarde. De ahí me fui para el liceo. En el liceo me dicen, “¿y usted qué hace acá?”. “Yo vengo a mis cátedras”, le dije. “Usted está expulsada”, me dijeron, y les pedí que me mostraran la expulsión. Por supuesto que no estaba, así que le dije “saca a la gente que está dando clase porque son mis horas”. En ese momento me tocaba clase con 2°. Voy al salón y le digo al tipo que estaba dando cla­se que esas horas eran mías, que la directo­ra, que era una reaccionaria, se las había dado, pero que me pertenecían a mí, y que por lo tanto se fuera del salón. Cuando entro a la clase, maravilloso, todos los botijas para­dos con los brazos así (muestra su puño en alto).
¿Cuál es el rol histórico de los sindicatos?
Pavada de pregunta. Bueno, ¿un sindicato qué es? Es una agrupación de trabajadores, que tiene como objetivo pelear por sus derechos como tales. Un sindicato no es ni una organización ni un parti­do, esto no lo tenemos que confundir. Dentro de un sindicato hay compañeros que tienen distintas tendencias ideológicas, pero el sindicato tiene una plataforma común, que es la defensa de los obre­ros: su salario, sus libertades, su organización, sus luchas por sus reivindicaciones a nivel general. En un sindicato se expresan las distintas ideologías, precisamente porque no es un partido. En aquellos años los sindicatos no funcionaban tan separados como funcionan hoy, pero es cierto que el momen­to histórico era otro. Estaba la Revolución Cuba­na, no había dictadura. Por supuesto que había desempleo, que el costo de vida era alto. Había también sindicatos de distintas tendencias: algu­nos los manejaba el Partido Comunista, otros el Partido Socialista, otros los anarcos. Además, en aquellos años se formó “la Tendencia”, que ven­dría a ser la unión de los sindicatos más combativos que en la base tenían mayor afinidad ideológica. Eran sindicatos fuertes, muy fuertes, había mucha afiliación y un gran convencimiento ideológico, fuera de la línea que fuera: PC, PS, anarcos, MLN, MRO, GAU. Tenían una gran fortaleza, se apoyaban mutuamente y siempre estaban en conexión, no solamente cuando había conflictos.
La función del sindicato es la unión de esas fuerzas, porque si los obreros no se unen, a pesar de sus discrepancias, no llegan a nada. Eso es lo que sustenta una lucha sindical. Un sindicato solo puede luchar por sus reivindicaciones, pero si no está apoyado por los otros sindicatos, se debilita.
¿Y en esa unión tuvo mucho que ver la creación de la CNT?
Sí, por supuesto. En diciembre del 63 había medidas prontas de seguridad. Hubo un gran paro general organizado por el plenario obrero y popu­lar. También estaba el plenario obrero estudiantil y la mesa sindical coordinadora. En estas tres se agru­paban diferentes gremios. Por ejemplo en el prime­ro nombrado se encontraban filiales de FUECI, ADEOM, TEXTILES, SUANP, UTMARA, etc… En el segundo se encontraban: FEUU, FEDERACIÓN DE LA CARNE, BANCARIOS, FUNSA, VIDRIO, PAPELEROS Y CARTONEROS, etc…, y en el terce­ro nombrado estaban: LOS ENTES DEL ESTADO (COFE) PLENARIO DE HACIENDA, COORDINA­DORA DE LA ENSEÑANZA, UTU, MAESTROS, UNIVERSIDAD, etc… etc…
En ese año hay muchos conflictos de los traba­jadores. Se produce la marcha cañera que llega a Montevideo, mitines a favor de Cuba, ocupación de fábricas, etc… etc… En 1964 se crea definitiva­mente la CNT, con una plataforma que aglutina las necesidades y reclamos de los trabajadores y la realidad existente en el país. Seguro que hubo mar­chas y contramarchas, posiciones distintas y an­tagónicas, peleas internas y externas, pero de lo que no podemos dudar que desde las distintos posiciones, y desde los distintos lugares de traba­jo (asalariados y obreros) existió una gran fuerza y una gran cohesión para defender los derechos de todos. Por supuesto que había lucha de poder, esto es una condición humana, pero el poder no hacía que el sindicato se debilitara, sino todo lo contrario… El poder es el poder, y había partidos y organizaciones que querían ganar dentro de un sindicato, pero no se olvidaba que la CNT era la unión de todas las fuerzas e ideologías que había en ese momento en los distintos sindicatos.
¿Qué papel juegan los sindicatos y los sindicalistas hoy?
Es muy difícil de contestar, y quiero que mi contestación sea lo más clara posible. Los sindi­catos hoy no se pueden separar de lo que fueron porque no nos podemos olvidar que hubo un Vietnam, que hubo una Revolución Cubana, y sobre todo que hubo una dictadura. Además de una aper­tura democrática, entre comillas, de guante blan­co. Los sindicatos tendrían que jugar el mismo papel que históricamente han jugado. Tendría­mos que analizar a fondo que ha pasado y el por qué de su debilitamiento. No hay una sola causa y más cuando el momento es tan complejo. Entre ellas están: la dictadura que pasamos; el capitalis­mo (hoy llamado globalización) que sigue cerce­nando la libertad y la creatividad; la explotación del hombre por el hombre; el cierre de fábricas; el desempleo; la falta de ideología; los fracasos que los distintos pueblos del universo han asumido (o no) y sobre todo el único y poderoso vampiro que es EE.UU., que hace y deshace sin que los gobier­nos se levanten, excepto Cuba, por el momento… y los pueblos… Se cayó el muro de Berlín, hay mucho menos trabajo al día de hoy, han desaparecido mu­chísimos sindicatos, la gente no tiene la misma con­vicción que tenía antes, o no tenemos. No tenemos la misma fortaleza, pero sí la ideología.
Por esas cosas de la vida, una ha andado por otros países, y en general no ha vivido este debili­tamiento como nuevo. En Suecia el sindicato es una especie de figurita, con todas las comodida­des. Tiene mucho que ver con la socialdemocracia, y con su norma o su estrategia de que todos tienen que tener más o menos lo mismo. Lo mismo pasó en Francia, y también en la España de Felipe González. En España los sindicatos eran fuertes y combativos antes de Felipe, y después la socialdemocracia cam­bió todo. Es una especie de globalización como en tules: a través del tul ves figuras muy borrosas y no definís nada.
Para redondear, todos los factores nombrados como titulares hacen al debilitamiento de los trabaja­dores en general, de la central sindical, de los sindi­catos. Pero igual voy a rescatar a la América Latina y al PIT-CNT con todas mis discrepancias. No pode­mos dejar de sumar a lo ya dicho, que cerraron 130 fábricas, que hay 250.000 desempleados y muchos fracasos que la generación del 60-70-80 lleva a sus espaldas en la bolsa de sus vivencias, pero estos momentos son cruciales para poder sobrevivir y lue­go recomponer las fuerzas para los próximos tiem­pos. En general la historia es cíclica y hoy estamos en el cuestabajo, pero los pueblos tienen sabiduría de recuperación. Va a llegar algún momento (como lle­gó, como siempre llega) de fortalecimiento.
A veces tomamos algunas decisiones que pue­den ser patrinqueras, pero que por parecer patrinqueras no pueden dejar de ser inteligentes, porque de alguna forma le tenemos que ganar a la derecha. No sé cómo, pero de alguna forma. Estas son estrategias diferentes, y esos cambios de algu­na manera, son para ganarle al poder. En estos mo­mentos lo fundamental es formar en cada sindicato un cuerpo sólido, sí discutir, sí discrepar, pero el punto fundamental entre todos es tener la mira en sostener y fortalecer al sindicato, a cada sindicato, mirando el futuro para que el y los sindicatos se hagan sentir, cada cual en su pelea y todos fortale­cidos y juntos.
Creo que lo fundamental es oírnos. Hablamos mucho, pero nos oímos poco. De alguna manera tenemos que sostener “a marcha camión”, como se dice, los pocos sindicatos que quedan. Y tran­sar (no claudicar, que es otra cosa), con las discre­pancias que podamos tener dentro de un sindicato para mantenerlo. Para mantenerlo ahora, y poder desarrollarlo después. Que hay que discrepar, sí, pero discrepar para fortalecernos, no para tener unos más poder y otros menos poder. Porque el poder lo que hace es comenzar a serruchar, sobre todo cuando no somos demasiado maduros. Y no hablo con soberbia, hablo con los mayores senti­mientos de que no fracasemos de nuevo, porque ya tenemos muchos fracasos encima. Y yo creo que si maduramos todos dentro del sindicato, po­demos ganarle aunque sea un milímetro a la globalización, a la derecha, a la falta de creencias, a la falta de fortaleza. Creo que ganas hay, porque, si no, no estaríamos en el sindicato.
Ideología.
Convicción.
Lucha ideológica.
Poder.
Lucha de clases.
Diferencias.
Estado.
Sometimiento.
Revolución.
Hay que hacerla porque es lo mejor que le pue­de pasar a uno en la vida.
El “hombre nuevo”.
Hay que lucharlo.
1° de Mayo.
Sacco y Vanzetti.
El 68.
La mejor etapa de mi vida.
Ser anarquista.
Pelear todos los días por la libertad y la justicia social.
¿Todos los anarcos son buenos?
Los anarcos no somos buenos, tratamos de ser revolucionarios. En la viña del “señor” hay de todo, están los que pelean dentro de la sociedad y están los que se van a la montaña, hablan, contemplan, critican hasta el vuelo de un pájaro y no hacen nada.
La FAU hoy.
Tengo buena relación.
El MLN.
Buenos compañeros.
El Partido Comunista.
Doctrina completamente opuesta.
El Partido Socialista.
Socialdemocracia.
El Partido por la Victoria del Pueblo.
Partido por la Victoria del Pueblo.
La JUP.
Lo peor.
Los trotskistas.
Diferencias, discrepancias.
La “Tendencia”.
Agrupamiento de similares ideologías.
El futuro.
¡ES NUESTRO!