Mea culpa

mea culpa

 

 

 

 

 

 

 

Por la presente y ante escribano público declaro:

 

Los docentes somos culpables, todos, desde el primero hasta el último. Somos culpables de permitir que se nos trate como se les antoja. Somos culpables de dejarnos pasar por arriba gratuitamente, de no tomar de una vez por todas las riendas de este descontrol. De consentir que sigan diciendo estos atrevidos que la educación es lo primero, mientras dejan caer los liceos a pedazos y nos pagan tres vintenes y gastan la plata en asesores de bolsillo y de despachos. Somos culpables de quedarnos con el culo en el banco, esperando que otros resuelvan por nosotros, confiando, todavía, en quienes siguen traicionando. Culpables, descaradamente culpables, de repetir la lección y la derrota, de dejarlo todo en la cancha y olvidarnos del campeonato, de sostener esta ruina y este espanto. Absolutamente culpables, cómplices y mandaderos, con voluntad o sin ella, de los que hacen balances en números inmensos, y se alimentan de la carroña y del olvido de las esperanzas. Culpables por abandono, por cansancio, por desánimo, por omisión, por sofá y televisión, por conformidad, por comodidad, por vanidad, por banderas, por falta de banderas, por contaminación, por envenenamiento masivo y más iva. Culpables, vos y yo, colega, culpables. Debiera ser hora ya, de hacerles pagar a ellos la condena.

 

Rafael Fernández Pimienta

Febrero de 2013

 

Compartir