Aclarando que oscurece – Martín Jauge y Pablo Messina

Se sabía que este año la lucha presupuestal en la educación iba a ser un punto de tensión para el gobierno. No obstante, lejos de negociar con tiempo y tranquilidad, el Poder Ejecutivo recién presentó propuestas a mediados de agosto.

Hasta el viernes 21, la última vez que hubo negociación, las únicas propuestas que había realizado el Poder Ejecutivo han sido las salariales, razón por la que los sindicatos sólo se han podido expresar en contra de la propuesta salarial. Mientras, no sólo los gremios de la educación sino el conjunto del pueblo sigue sin conocer a ciencia cierta que otros componentes tendrá el nuevo presupuesto para la educación. ¿Habrá aumento de cargos? ¿Ingresarán más equipos multidisciplinarios como reclaman los sindicatos y el movimiento estudiantil? ¿Se contemplará el aumento de becas que proponen los estudiantes? Navegamos en la más absoluta incertidumbre.

Mucho se ha escrito, por suerte, sobre lo desmesurado, improcedente e inefectivo de la declaración de esencialidad. No obstante, en el presente artículo, pretendemos polemizar con una de las últimas medidas de la campaña que realiza el gobierno: la publicación de una tabla salarial de cómo serían los salarios de los docentes si firmaran este acuerdo (ver aquí http://www.anep.edu.uy/anep/index.php/1462-propuesta-salarial-para-2016-…).

El hecho de que se brinde la información a la población es importante y debería saludarse. El problema está en que la información pretende generar la idea de que los docentes son un colectivo relativamente privilegiado, con salarios altos, y que sus demandas son injustificadas. Dado que el común de la gente no conoce cuánto efectivamente trabaja y gana un docente, esta estrategia del Ejecutivo es útil para posicionar la opinión pública en contra de los gremios de la educación y contribuye con la campaña mediática de desprestigio que la educación tiene en su contra. Después todos nos rasgamos las vestiduras cuando una madre golpea a una maestra, pero nadie se hace cargo de las causas detrás de ese tipo de acontecimiento, como ser la falsa oposición que se intenta instalar a nivel mediático y del gobierno entre los docentes y los niños pobres.

Por otra parte, las trabajadoras y trabajadores de la educación (docentes y no docentes) conocen perfectamente su salario mensual, las horas que trabajan y sus condiciones de trabajo. Entonces, este tipo de información parcializada, contribuye también a que el Ejecutivo se gane un enemigo: los gremios de la educación. No es casual que este viernes haya habido una manifestación de maestras con sus recibos de sueldos. ¿Es posible mejorar la educación ganándose la absoluta desconfianza y repudio de quiénes trabajan en ella?

En este sentido, nuestro artículo pretende profundizar en al menos 4 omisiones (algunas cabría catalogarlas de errores) que tiene la planilla presentada públicamente por la ANEP. En primer lugar, inferir que las horas docente son igual a horas trabajadas. En segundo lugar, la no inclusión de los trabajadores no docentes en la planilla. En tercer lugar, el no haber considerado que los salarios más altos (docentes Grado 7, con 40hs) no son efectivamente cobrados por nadie del sistema porque están topeados. Y, por último, discutir sobre la pertinencia de incluir el presentismo sobre el salario base.

1. Horas de trabajo

Cuando se habla de horas, se hace referencia a las horas aula que tienen maestros o profesores pero no son las horas efectivamente trabajadas. Es sabido, aunque a veces conscientemente se omite, que la profesión de la docencia tiene un importante componente de trabajo fuera aula, como ser: planificación, evaluación, coordinación, atención de padres, etc.

Según la Encuesta Continua de Hogares del 2013, las maestras, trabajan en promedio 26,56 horas aula por semana y 37,82 horas en total. A su vez, los docentes de enseñanza media y superior (Secundaria y UTU) trabajan 29,83 horas aula y en total 38,96 horas por semana. Esto no ocurre para el resto de la economía, donde el trabajo trabajado es similar al trabajo remunerado.

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Fuente: elaboración propia en datos ECH 2013.

Esto quiere decir, que en el caso de las maestras casi un tercio de su trabajo no es remunerado, mientras que para docentes es prácticamente la cuarta parte. En este sentido, teniendo en cuenta la relación horas trabajadas remuneradas y no remuneradas, si reajustamos el salario de los docentes por hora efectivamente, la tabla publicada por el Ejecutivo podría parecerse a la siguiente. Vale aclarar que en la primer columna aparece el sueldo nominal (es decir, incluyendo los aportes a la seguridad social) por las horas aula, mientras que en la segunda columna es simulando cuánto sería el salario por esas horas efectivamente trabajadas:

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 1En la primer columna se publican los salarios nominales (incluyendo aportes) sin considerar el presentismo, por razones que se explicitarán más adelante. En la segunda columna se publica el mismo salario nominal, pero considerando 20hs efectivamente trabajadas y no 20hs aula como publica la ANEP.

Como puede observarse con claridad, el salario docente ajustado por hora efectivamente trabajada dista de ser alto. ¿A quién puede parecerle alto por 20hs efectivas de trabajo los $U15.280 nominales (unos $U12.224 en la mano) pesos al 2016 que gana una maestra? De hecho, si se compara el salario hora de los docentes  con el del resto de los trabajadores de la economía agrupados según la clasificación industrial internacional uniforme (Ciiu), observamos que los trabajadores de la enseñanza se encuentran en el puesto 9 de 21 ramas de actividad y obtienen ingresos cercanos al promedio salarial de la economía. Asimismo, según datos del informe del Ineed del año pasado, si se compara la labor docente con la de otras actividades ajustadas según sexo, edad, nivel educativo, etcétera, trabajadores con características similares que no se desempeñan en el sistema educativo tienen en promedio un salario 21,8 por ciento mayor al de los docentes.
Con esta información a la vista, sí puede entenderse porqué en Uruguay se jubilan más maestras de las que egresan por año. No obedece a que en nuestro país somos absolutamente “irracionales” y rehusamos a ser docentes a pesar de las magníficas condiciones y salarios que nos brindarían, sino más bien, por todo lo contrario.

2. Trabajadores/as “no docentes”

Por otra parte, se excluye en la tabla a los trabajadores de gestión y servicios (comunmente llamados “no docentes”) que se encuentran en una situación salarial más sumergida que los docentes. Abarca portería, limpieza, administración, secretaría y equipos profesionales multidisciplinarios entre otros. El sueldo de ingreso, a valores de enero 2015, para un grado 1 por 40 horas semanales es de $U18.617,63 y por 30 horas semanales es de $U14.996,62.

Esta situación salarial los convierte en los trabajadores con peor remuneración de todo el Estado. Este colectivo también pelea por mayores salarios, está preocupado por la privatización de los servicios que podrían implicar la construcción de establecimientos educativos vía PPP (Participación Público Privada), y además, coinciden con los gremios estudiantes en la necesidad de amplificar los equipos multidisciplinarios.

3. Topes

En la tabla salarial publicada por la ANEP, los docentes Grado 7 con el presentismo incluido pueden llegar incluso hasta los 80 mil pesos para el caso de los Profesores de Segundo Ciclo. Si bien es virtualmente posible, ya que los nominales pueden ser incluso mayores, lo cierto es que en la realidad nadie puede cobrar eso en la actualidad por la existencia del art. 105 de la Ley Especial N°7 de 1983.

Este “decreto ley” de la dictadura, impone topes del 90% respecto al salario de la Dirección General en toda la Administración Pública -aunque excluye algunas partidas-. Este mecanismo lesiona la carrera docente y desincentiva la asunción de funciones de dirección, ya que puede ser conveniente trabajar pocas horas en más en un subsistema que concentrar todas en un sólo lugar.

Asumiendo la inflación de 8,21 como se realiza en la tabla de la ANEP. Los topes para Secundaria, Primaria, UTU y Formación Docente, serían de $U77.907 nominal para el 2016 con 40 horas aula. Asimismo, cabe aclarar que incluyendo también a funcionarios del CODICEN, cuyo salario tope es mayor, la cantidad de topeados según datos oficiales son 294. Dando cuenta que el colectivo que llega a esos niveles salariales, es relativamente reducido.

En el convenio propuesto por el Poder Ejecutivo, se pretende “promover” la eliminación del presentismo en la consideración del tope y algunas partidas por antigüedad, pero son sólo declaraciones de buenas intenciones.

4. Presentismo

Un detalle no menor, es que los salarios 2016 que publicó la ANEP tiene sumado el presentismo mensualizado. Si bien dichas partidas existen, conviene aclarar que sumarlas como parte del salario promedio por categoría puede ser relativamente engañoso ya que el colectivo que puede cobrarlas no es tan importante.

La principal crítica a su inclusión radica en que es una partida bastante injusta en su diseño: no contempla faltas por enfermedad, no contempla faltas por duelo, no contempla faltas por licencia maternal y no contempla faltas por estudio. De hecho, quiénes más pueden acceder a este beneficio son los trabajadores “no docentes”, ya que en caso de enfermedad o tener que faltar por alguna razón, optan por pasar día de licencia reglamentaria y no perder el presentismo. Dado que los docentes deben tomar su licencia en enero obligatoriamente, cobrar el presentismo se hace más difícil. Además, y mucho más importante, el 72% de quienes trabajan en el sistema educativo son mujeres. En un sistema tan feminizado, ¿cuántas pueden perder el presentismo por licencia maternal? Si además consideramos que el 60% de las mujeres que trabajan en la educación tiene hijos menores de 18 años a cargo y que según datos del INE los cuidados recaen el triple sobre éstas que sobre varones, ¿cuántas faltas tendrán por llevar hijos al médico, a reuniones de padres y madres en la escuela, etcétera?

A modo de cierre, cabe destacar varias cosas. En primer lugar, es cierto que los gobiernos del Frente Amplio han aumentado el gasto público en educación más que los anteriores (aunque recién recuperamos niveles previos a Pacheco y con mayor matrícula). En segundo lugar, también es cierto que se han hecho esfuerzos por aumentar el salario docente: hoy tienen su mayor nivel desde la reapertura democrática. No obstante, sigue siendo cierto que los niveles salariales son muy bajos para la labor que implican (ver nota en Brecha:  http://brecha.com.uy/docentes- ). Reconocer que las demandas de los gremios de la educación son justas, es un primer paso fundamental. Cortar con la campaña de desprestigio a su tarea, ineludible y urgente. Por último, si bien es cierto que el escenario macroeconómico es más adverso, también puede ser una buena oportunidad para instaurar una nueva oleada de reformas, de cara a profundizar la redistribución del ingreso  y la riqueza, y de esta forma, financiar más gasto público social, donde la educación tenga un peso gravitante.

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