Sin entrar todavía en el tema caliente (el desalojo del CODICEN) hay frases de Bonomi que me quedan sonando, o mejor dicho, disonando.
Primero, destacó que el procedimiento fue «lo más transparente y cristalino que se ha hecho». Alude efectivamente a los algo más de 15 minutos de filmación que mostró en conferencia de prensa. Me pregunto: ¿solo tenemos 15 minutos? ¿No era que cuatro o cinco policías portaban cámaras en sus chalecos? ¿Y el resto de las filmaciones?
Transparente y cristalino sería mostrar todo el material filmado. Y de paso verificaríamos si es cierta la segunda disonancia: «no había ningún estudiante dentro del edificio».
La tercera afirmación del Ministro, que sostuvo que la Policía que se está construyendo es una «policía democrática», me provoca más interrogantes que certezas.
Si el Ministro piensa que, por el hecho de filmar los operativos la policía será más democrática, lamento informarle que no se democratiza la fuerza de seguridad por ese mero hecho. Eso es formal, saber (o no saber) cómo operó la fuerza no democratiza a nadie.
Habría que atacar los planes de estudio de la Escuela de Policía y hacerse eco de la experiencia internacional. Crear una policía judicial, con sus integrantes formados en el Derecho, en la ley, en los límites y derechos que la misma impone para todos los ciudadanos. Eso sería democratizar a la Policía y no perfeccionarla en las medidas represivas o de choque ante las expresiones salidas de tono o no de aquellos que manifiesten su descontento o su libre derecho a repudiar los actos de gobierno.
Escuché y leí frases de todo tipo contra el SUATT y contra Irma Leites. Sabido es que no comparto sus definiciones y su accionar. Lejos estoy de comulgar con el odio de clase o con la revolución social violenta y permanente.
Pero me parece que la mayoría de las críticas parten de dos premisas equivocadas. Una, la bronca porque estos grupos se apoderaron de la calle, cosa que en otra época hacían el FA, la CNT y la FEUU. Compañeros deberían preocuparse más por sacarse la modorra y la comodidad que brinda ocupar cargos y dedicarse a empoderarse otra vez de las expresiones populares. Otra, porque hay compañeros que defienden al Gobierno siempre, a ciegas, sin medir o separar lo que está bien de lo que se hace mal.
La no crítica es servil a la desmovilización. Y eso es terrible. No es de izquierda.


