Docentes ingleses alertan a las autoridades que muchos de sus alumnos van a estudiar con hambre.
Mucho se ocupa la prensa uruguaya de los problemas de la educación pública a nivel de Enseñanza Secundaria en los últimos tiempos. Profusamente se habla de las responsabilidades de los educadores. Sin embargo, no es habitual encontrar artículos que surjan de investigaciones periodísticas profundas, protagonizadas por los propios educadores, como la del diario inglés The Guardian, que queremos compartir hoyi.
En base al testimonio de educadores y médicos, los periodistas concluyen que un alto número de estudiantes ingleses asisten a clase con hambre. De los 591 docentes británicos que participaron en la encuesta, el 83% ve por las mañanas alumnos que tienen hambre y el 55% señala que un cuarto de los estudiantes concurren sin haber comido lo suficiente. El 49% de los educadores encuestados declaró haber llevado alimentos para los alumnos que van a clase sin desayunar, mientras que un 17% reconoció haberles dado dinero de su propio bolsillo para que compraran comida. En vistas de esta situación, el periódico inglés pide a su gobierno que brinde desayunos gratuitos en las escuelas. La recesión, el desempleo y el corte de beneficios sociales, se hizo sentir en los dos últimos años en Inglaterra.
Desafortunadamente, en Uruguay disponemos de muchas cifras vinculadas a resultados educativos, pero carecemos de datos sistematizados acerca de cómo ven los docentes a sus alumnos en la situación educativa cotidiana y las causas de la misma. Utilicemos los datos ingleses –puesto que de ellos disponemos- para subrayar que la mala alimentación de los alumnos es un problema importante, que eclosiona en el ámbito educativo, aunque no sea un problema educativo en sí. Es decir: no es un problema de orden pedagógico cuya solución se encuentre en el orden teórico. De todas formas, determina una realidad educativa. Y sobre la misma se reclama la acción gubernamental.
Los indicadores que alertaron a los docentes ingleses a pensar que sus alumnos estaban mal alimentados son: falta de concentración (91%), cansancio (86%), comportamientos (72%) y expresiones de malestar por parte de los chicos (63%). Resulta sorprendente encontrar en boca de un director de escuela inglés un enunciado como este: “Un niño que llega a la escuela hambriento y cansado no puede aprender”.
En nuestro país, que no está mejor económicamente que Inglaterra, cuando se plantea en los Medios la dificultad para concentrarse y los problemas de conducta que muchos estudiantes presentan, rara vez se invoca como causa la mala alimentación de los chicos. Antes bien, suele proponerse, como soluciones, el uso de drogas legales, cuyo abuso puede provocar consecuencias no deseadas y que a menudo ni siquiera consiguen los efectos que persiguen. Lamentablemente, tampoco contamos con investigaciones periodísticas serias que revelen los porcentajes de niños y adolescentes que consumen drogas duras por prescripción médica en Uruguay.
De hecho, si comentamos hoy el artículo de The Guardian, es porque nos muestra hasta qué punto problemas similares –aún en contextos tan distantes- pueden ser tratados de maneras absolutamente diferentes. Importa recordar que cuando los problemas no se plantean en sus justos términos, es imposible encontrar soluciones efectivas. Por más que el “debate educativo” dure mil años –si queda cuerpo que lo aguante-.
Para investigar de verdad los problemas que afectan a la educación, hay que hacerlo a partir de las condiciones concretas en que los actos educativos suceden. Y escuchando en primer lugar la voz de aquellos que están comprometidos allí, con su alma y con su cuerpo, que pueden percibir el hambre o el frío. Haría falta estudiar todas las variables en juego, para poder en primer lugar describir con exactitud las formas en que se aprende y se enseña. Recién entonces se podría determinar con precisión los factores que inciden en la realidad educativa. Es altamente probable que los problemas puramente metodológicos tengan una incidencia débil frente a cuestiones que escapan por completo al área pedagógica, como el estado físico y espiritual de los alumnos.
Ana Grynbaum.
“Half of teachers forced to feed pupils going hungry at home”, Denis Campbell and Patrick Butler, The Guardian, 19 de junio de 2012. El texto está disponible en: http://www.guardian.co.uk/society/2012/jun/19/breadline-britain-hungry-schoolchildren-breakfast


