El Núcleo Sindical del Liceo Nº 76 desea compartir con los compañeros y la opinión pública en general la situación irregular que vivimos a diario, en un clima institucional enrarecido, a consecuencia de la cual se han sucedido una serie de traslados, vacantes de docencia indirecta y migración de compañeros de docencia directa, desmantelando de hecho un valioso equipo de trabajo, comprometido y profesional.
El cuerpo docente -muy particularmente los profesores sindicalizados- han tenido múltiples choques con el equipo de dirección al denunciar la violencia simbólica a la que estamos expuestos, y la falta de profesionalismo de la directora en particular.
La violencia simbólica es el resultado del ejercicio del rol de jerarca como jefe controlador (afín a la línea que se pretende instaurar y concibe al liceo como una empresa). En este marco, el director es un jefe controlador no el gestor de una comunidad educativa que motive y articule el trabajo en el centro, lo que traduce en criterios de productividad (comparación de cantidad de insuficientes por asignatura durante las coordinaciones, no querer otorgar licencia por estudio a docentes en plena formación de posgrado, la solicitud de compensar las horas no dictadas al asistir a tribunales de didáctica de integrantes de la propia institución, etc.), falta de guía de corte pedagógico y carencia de confianza en nuestras prácticas, y en la imposibilidad de diálogo (particularmente en las coordinaciones, muy expositivas, se brinda poco tiempo para el intercambio colectivo, o en el trabajo con el CAP, carente de una devolución a sus recomendaciones).
Denunciamos también la falta de profesionalismo, de la directora del liceo, que se traduce en comentarios “de pasillo”, donde se participa a algunos docentes de situaciones particulares de otros, no presentes, la aplicación de criterios discrecionales para conceder beneficios, según afinidad personal , la dificultad para separar el ámbito personal del profesional – cualquier cuestionamiento laboral es visto como una agresión a la persona- y la falta de compromiso con cualquier actividad o proyecto que le implique salir de la más estricta ortodoxia normativa (salidas didácticas, gestión de cantina, entre otros), A esto se suma constante cambio del tono comunicacional entre la dirección y los distintos integrantes de la comunidad, pasando de ser un trato cordial, al nulo intercambio (y hasta destrato) sin que sepamos por qué esto ocurre. Inclusive todos hemos asistido a instancias en las que la directora se dirige a alguien a los gritos. Nos hemos visto enfrentados a la sugerencia de “dejar de hablar de Dirección ya que todo le llega” lo que genera desconfianza y temor en el relacionamiento. Se instaura un divisionismo muy extraño, «divide y reinarás».



