Los sucesos desgraciados y previsibles que se dieron con el desalojo del Codicen seguirán levantando polvareda cuando esto se publique, por lo cual no quiero hacerme el desentendido. Fue una torpeza o una provocación, el tiempo lo dirá.
Y no me refiero a los actores, sino a quien dio la orden con tan poco tino y tan inexcusable desaprensión.
Si el Ministerio hubiese estado a cargo de un joven que no vivió los años 60 uno podría suponer que fue una candidez de alguien sin experiencia ni memoria el ordenar un desalojo de estudiantes justo el día y a la hora en que lo que podríamos llamar “la tendencia” se concentraba allí para apoyar a los ocupantes.
Pero resulta que fue el ministro Bonomi quien dio la orden y quien eligió la hora. Lo que demuestra que no tiene memoria o que no le importaban las consecuencias. El ministro, que fue conspicuo integrante del MLN-T que, junto con la tendencia de entonces, le arruinó varias manifestaciones de 1º de Mayo a la CNT cuando se marchaba al revés y se culminaba el acto en Agraciada y Mercedes.
Me doy cuenta de que lo que escribo no le va a gustar ni a él ni a varios, y de que, en ese sentido, no ayuda a la unidad, pero ¡carambolas! Ya bastante aguantó uno, y en última instancia no soy el único que debe cuidar la unidad y son otros –más conspicuos– quienes la andan tironeando para todos lados.
La paciencia tiene un límite, y el mío lo estoy alcanzando.
El presidente estaba de viaje, la ocupación llevaba cuatro días y podía llevar cuarenta más sin que el sistema dejara de funcionar. “Todos me pedían que desalojara”, dijo Bonomi a la prensa. ¡No me incluya en su “todos”, señor ministro. Yo no se lo pedí. El Frente tampoco. Y menos el Pit-Cnt.
El Poder Judicial le había sacado el cuerpo, ya que el decreto es tan torpe en su redacción que únicamente se refiere a ocupaciones llevadas a cabo por trabajadores. El Legislativo se dividió: estaban quienes se frotaban las manos esperando que diera finalmente los palos que dio, y quienes trataban infructuosamente de mediar.
De su presidente no conozco ninguna orden formal.
Hay veces que uno se pregunta cuánto sabe, realmente, el presidente, de lo que pasa. O si lo que conoce es la versión de su entorno. Pero ese es otro asunto. Una baraja que no me animo a destapar, porque quiero y necesito tener un presidente en el que pueda confiar. Y tengo presente lo que fueron los últimos años del pobre Hipólito Irigoyen, encerrado en su casa, leyendo diarios con letra grande impresos para él con sólo buenas noticias, mientras la crisis incendiaba la pradera y los militares afilaban los sables.
Me gustó la proclama que leyó la estudiante; comparto la posición de mi Central y también el dicho: “Donde hay yeguas, potros nacen”, y donde hay baldosas y Policía el resultado es todo un suceso que cambia los ejes centrales, llevando las cosas a “palos sí, palos no”.
El presupuesto está en el Parlamento; los plazos se vencieron y lo que hay es eso. Podremos rebañar algo desvistiendo a un santo para agregarle algo a la Enseñanza. Algo que no será suficiente, tal vez, pero, si se puede, mejor.
Supongo que no se aprobarán los vergonzosos artículos que impiden hacerle juicio al MSP por medicamentos caros, y que no se aprobará el artículo que somete a la Caminera al mando de la Republicana.
De cualquier manera, la tendencia mundial es a fortalecer los cuerpos policiales y envolvernos en estados cada vez más policíacos sin que nos demos cuenta. Incluso, haciéndolo a pedido, justificándose en nuestros pedidos de mayor seguridad. Nos vamos adocenando y convirtiéndonos en dóciles ovejitas que ni cuenta se dan de que son más peligrosos los pastores que las cuidan que los pocos lobos que rondan.
No sé si habrá algún peso más para la UdelaR y para el Clemente Estable, y no tengo demasiadas esperanzas. En cambio, espero que se restablezca la Contribución Inmobiliaria Rural pese a las quejas y amenazas de los potentados y apellidados ruralistas, que bien que se callaron cuando la soja valía quinientos dólares.
Y por ahí se van acabando mis esperanzas respecto al Presupuesto. Ni tan tan, ni muy muy. Y veremos cómo siguen las cosas. Ya veremos con los consejos de salarios.
Me preocupa la ola persistente que acosa a los gobiernos progresistas del continente. Con nuevos actores y nuevas metodologías, pero con un plan director que fue elaborado por los responsables yanquis de la política para con su patio trasero. Trato de ser amplio: puede ser la CIA, el Departamento de Estado o algún otro, pero está operativo y operando.
La novedad no es el propósito, que siempre fue el mismo, acallar rebeldías. La innovación está en que los actores propiamente políticos pasaron a segunda fila, y hoy nos hostigan con armas que tenían en reserva: los medios, las gremiales empresariales, los sesudos intérpretes de la sociedad y la economía, el ataque financiero y el fomento del descontento generalizado.
También lo novedoso es cómo nos vamos achicando, arrocinando, desanimando, yo qué sé…
Estamos más débiles porque la economía lo está, y eso asusta a nuestros propios compañeros. En lugar de liderar a la gente, al pueblo, en lugar de convocarlo y explicarle para que nos ayude a seguir empujando los cambios, nos abroquelamos en las posiciones de gobierno y pretendemos arreglar las cosas acortando el paso, haciéndoles reverencias a los poderosos y dejando que la única herramienta, que es la fuerza política, se desfibre en la inacción, las dudas y la marginación.
Eso sí, peleando denodadamente por cada posición de poder. Por cada carguito.
¿Saben una cosa? Estoy viejo, a lo mejor, si tengo suerte, esto dura un tiempito más.



