FENAPES se posiciona contra discurso MEC-anizante sobre educación

En las últimas semanas padecimos el bombardeo mediático sobre el MEC y su intención de “transformar el ADN de la educación”.

A propósito de tal anuncio cuestionamos:

¿Debemos interpretar que cambiar “el ADN” es cambiar el origen, la estructura?

¿Por qué se quiere cambiar el “ADN”?

¿Quién tiene la legitimidad para realizar el cambio en materia educativa?

¿Se puede modificar el sistema educativo estructuralmente?

Lo actuales jerarcas proponen cambiar la identidad del sistema educativo público. Constitutivo de esa identidad es el principio de autonomía. Por eso alarman las acciones del MEC dirigidas a desmantelar la  autonomía que rige constitucionalmente para nuestra educación.

Los resultados numéricos no satisfactorios son las razones que estarían justificando la acción. Hay una notoria desproporción entre la pretensión del cambio y los argumentos esgrimidos. O bien se esconden otras razones o bien la pretendida transformación no es estructural.

Defendemos y reafirmamos el derecho de participar y cogobernar en educación, la legitimidad de todos los pronunciamientos históricos construidos desde las herramientas del pueblo. Nos oponemos a toda intromisión política partidaria.

El fenómeno educativo no está aislado de toda la estructura social y es fundamental la incidencia del presupuesto asignado en su funcionamiento. La inversión en educación según el mensaje presupuestal del Poder ejecutivo es absolutamente insuficiente. Además con el agravante de la exigencia de compromisos de gestión, violentando la autonomía técnica del ente. Desde el oráculo de la economía, el liberal Astori expresa: invertimos más y los resultados no se ven…

Las políticas promovidas desde el CODICEN no contemplan los reclamos y pronunciamientos del movimiento sindical.

La política educativa que se lleva adelante por las actuales autoridades resulta una continuidad ideológica con las concepciones defendidas en las reformas neoliberales de la década del 90: culpabilizar al profesor de “las fallas”; atacar la autonomía del sistema; remitirse siempre a resultados cuantitativos; priorizar el papel de las tecnologías; etc.

Lo que cambió es la estrategia y  la metodología de implementación. La innovación, de inspiración posmoderna, afirma demagógicamente que nada debe legar el liceo a las nuevas generaciones, por el contrario “adaptar el liceo al joven”. Se ataca particularmente  el vínculo entre profesor y estudiante, promoviendo un “ diálogo social” que comienza siempre desde cero.

La ministra Muñoz señaló en prensa “La parte de trasmisión de contenidos puede delegarse parcialmente en tecnología, la capacidad de enseñar a pensar y generar capacidades depende hoy, más que nunca, de nuestros docentes y su trabajo colectivo e individual”.

Estas expresiones se dirigen a a desacreditar y disminuir contenidos de conocimiento, denigrándolos a mera información. La labor docente se reduce a la aplicación de herramientas y métodos, ignorando la relación dialéctica entre forma y contenido en todo proceso de enseñanza- aprendizaje. “El futuro de la sociedad está en la mente humana” enfatizó.

La mayoría de las líneas rectoras del nuevo “ADN” fueron expuestas por subsecretario de la cartera, Filgueira. Se trata de incluir, aclara, pues el liceo es excluyente dadas las prácticas de enseñanzas; no la sociedad desigual donde vivimos completamos nosotros. Incluir, para el sociólogo, es “formatear” de 3 a 17 años, primarizando la educación secundaria, rebajando sus contenidos  y exigencias, flexibilizando el trabajo docente y sus condiciones laborales.

No atacamos a sus agentes impulsores  llámense Muñoz, Filgueira o Mir; pero si  las concepciones que  promueven y practican. Rechazamos y denunciamos la anunciada transformación por ser concebida desde un modelo económico excluyente y su consecuente visión de la política educativa.

Nuestra postura como sindicato es contrario a tales iniciativas y promueve un transformación de la educación y la sociedad hacia una realidad más plena, solidaria y justa.

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