Prof. José Perdomo: «La enseñanza a través de aulas virtuales en tiempos de emergencia sanitaria»

La enseñanza a través de aulas virtuales en tiempos de emergencia sanitaria

Desde que el gobierno anunció la suspensión de clases a raíz de la emergencia sanitaria que atraviesa el país y el mundo, los docentes (y hablo desde mi experiencia de profesor de Secundaria) nos hemos visto inmersos en un torbellino repleto de incertidumbres y discusiones. En los últimos días ha cobrado protagonismo el debate en torno a la virtualidad en el campo de la enseñanza, y muy especialmente el uso de la plataforma CREA Ceibal.

Sobre este tema quisiera dar a conocer mi opinión, dejando en claro que lamento disentir con las posiciones que he visto asumir a compañeros y compañeras a quienes respeto y estimo enormemente.

Las objeciones al uso de CREA1

Son varias las razones que han llevado a muchos colegas a rechazar el uso de esta plataforma. Me centraré en las que considero las más importantes.

En primer lugar, se señala que no todos los estudiantes (ni todos los docentes) tienen acceso a internet en sus hogares (espacio del que no deberían salir de acuerdo a las recomendaciones de las autoridades). Hay quien afirma incluso que el porcentaje de estudiantes en esa situación es altísimo. Frente a esta primera objeción uno podría preguntarse ¿no es mejor trabajar con algunos alumnos a través de internet que no trabajar con ninguno? Es decir, aunque haya estudiantes que no puedan conectarse, ¿no es preferible mantener el vínculo pedagógico con quienes sí pueden, mientras dure esta situación de emergencia?

Lo que nos lleva a la segunda objeción: la acusación de que el uso de esta plataforma virtual reproduce y profundiza las desigualdades de nuestros estudiantes. Quien tiene una mejor situación social, cultural, económica, posee mayores posibilidades de aprender. Esas desigualdades están allí, cada día, en las aulas. También en las virtuales. Y a la hora de retomar los cursos regulares tendríamos a un conjunto de estudiantes que tuvieron la posibilidad de trabajar en la red sobre diversos temas de las diferentes asignaturas, mientras que otros, que seguramente ya arrastran otras desventajas, no tuvieron esa oportunidad. La desigualdad de base, que ya tendríamos al arranque del año, ampliada por medio del trabajo virtual.

Pero eso no es todo. El llamado por parte de las autoridades de la educación a que los docentes trabajen con sus alumnos por medio de la plataforma CREA Ceibal durante el período de suspensión de clases despertó un profundo rechazo de parte de los colegas que entendieron que se estaba violando la libertad de cátedra, al imponérseles una herramienta de trabajo, o incluso materiales que el docente debería poder elegir.

Por otra parte hay quienes han llamado la atención sobre el hecho de que no tenemos certezas en relación al manejo de la información de estudiantes y docentes que la plataforma recopila, que las bases de datos están fuera del país, que la ANEP no puede controlar ni a Plan Ceibal ni a la empresa norteamericana PowerSchool, dueña de la plataforma Schoology (que es lo que en la versión de Ceibal llamamos CREA), etc.

Otro grupo de críticas señalan la imposibilidad de que un proceso significativo de enseñanza – aprendizaje pueda producirse por medio de la plataforma virtual. Las restricciones de la misma reducirían el vínculo educativo al limitado intercambio de tareas y devoluciones entre un solitario estudiante y su docente, imposibilitado el encuentro e interacción con otros estudiantes (restringiendo así las posibilidades de quienes ya poseen desventajas) y anulando las singularidades y expresividad de cada uno de los individuos que deberían encontrarse en el quehacer educativo. Los sujetos, por medio de la virtualidad, se verían súbitamente estandarizados al enfrentarse a un modelo de educación sin individualidad posible.

La necesidad del uso de CREA

Gran parte de las críticas parecen asumir que la educación a distancia, a través de la red, es imposible. Que podemos acercar materiales a los alumnos y hasta plantear algún ejercicio, pero que “dar clase” es otra cosa. Y en eso tienen razón. Con la salvedad de que la educación por medio de un aula virtual no consiste en esas acciones: “colgar” materiales y poner tareas.

CREA Ceibal es más que un aula virtual, pero lo que me interesa resaltar es que ofrece la posibilidad de que cada grupo de estudiantes se encuentre, entre sí y con el docente, en un aula virtual. ¿Y qué es un aula virtual? Es un espacio en la red en el que los alumnos y el docente convergen para desarrollar un proceso de enseñanza – aprendizaje. Si bien estos espacios permiten distribuir información, se caracterizan por propiciar la comunicación e interactividad.

La educación a distancia existe, es diferente a la educación presencial pero es posible. Obviamente que uno de sus principales rasgos es la importancia de combatir la soledad que puede sentir el estudiante frente a la pantalla. Por eso las herramientas que se utilicen (foros, videollamadas, chats, etc.) y la planificación de cada actividad semanal deben orientarse a generar el intercambio y la comunicación fluida entre los implicados en el aula (comunicación que será diferida siempre y cuando no se utilicen herramientas como el chat o las videollamadas). Un ejemplo sencillo: armar sub grupos de cuatro o cinco estudiantes, pedirles que lean un material e intercambien impresiones sobre determinada temática en relación a dicho material en un foro, luego solicitarles que redacten un documento en el que sinteticen lo discutido (la labor de sintetizar y redactar en conjunto es muy importante), más tarde habilitar un espacio en el que cada sub grupo comparta el documento que creó y plantear que dichos textos sean leídos y comentados (valorados) por todos2.

La estandarización, la eliminación de las singularidades de cada identidad involucrada en el aula, depende menos del aula cómo espacio real o virtual (ya lo intuyó Pink Floyd en su célebre “Another brick in the wall”) que de las propuestas, acciones y actitud del docente ante sus estudiantes.

Partiendo de esta idea de que “dar clase” a distancia es posible, que tiene sus notorias diferencias pero que se pueden alcanzar procesos muy valiosos, me resta explicar por qué considero que los docentes de educación media deberíamos usar la plataforma CREA Ceibal durante la emergencia sanitaria.

En primer lugar porque todo indica que el período de suspensión de clases presenciales va a ser largo, lo que atenta contra el derecho a la progresión en el tránsito por el sistema educativo. Muchas veces los profesores nos indignamos ante la idea de que “se pase” a los estudiantes sin que estos hayan aprendido. Me gustaría que igual indignación despertara la idea de que todos los alumnos de planes semestrales repitan por no haber tenido clases (situación especialmente angustiante para los estudiantes adultos, que trabajan, tienen hijos y responsabilidades que vuelven apremiante la necesidad de terminar el liceo). Ante un panorama de prolongada suspensión de clases presenciales, ante la proximidad del invierno y la incertidumbre creciente, creo que bien vale la pena echar mano a ese otro espacio, el virtual, que podemos aprovechar y que tiene muy buenas potencialidades. Aunque más no sea como forma de conocer e incorporar un medio que podría significar un aporte positivo a nuestras prácticas.

En segundo término, porque es de orden que el encuentro entre docentes y estudiantes se dé en un espacio institucional. Y en la red ese espacio es CREA Ceibal. Así como no viola la libertad de cátedra la obligación de ir a “dar clase” a un salón dentro de un liceo, en lugar de hacerlo en el patio de mi casa o en una plaza, no debería hacerlo el llamado a hacerlo por un medio virtual institucional3. Y en esto las autoridades han sido, como a menudo, ambivalentes. Se han dado mensajes tenientes a sugerir o explicitar la obligatoriedad del trabajo por medio de dicha plataforma, al tiempo que inspecciones o direcciones comunicaban la necesidad de mantener el vínculo con los alumnos por cualquier medio, siendo todos igualmente válidos (Facebook, correo electrónico, WhatsApp, etc.). Yo creo que siempre es preferible que cualquier intercambio con los estudiantes se realice por medios institucionales.

Aunque no creo que se viole la libertad de cátedra si en mi aula virtual aparece una carpeta que contiene materiales y actividades de uso no obligatorio4, siempre y cuando esté oculta para que no la vean los estudiantes y pueda tenerla a mano por si quiero utilizar algo de allí más adelante (o eliminarla), ciertamente debemos, como colectivo docente, reaccionar ante actos que suponen un destrato a nuestra profesión. Pero el comportamiento del personal de Ceibal, que suele reflejar su escaso conocimiento del quehacer educativo en nuestros liceos, no me impide reconocer las posibilidades que el uso de la plataforma nos brinda en este momento.

Y no estoy haciendo aquí una defensa de Ceibal. Siempre he rechazado que una institución que funciona por fuera de la ANEP tenga en los hechos tanto poder como esa organización ha acumulado. Sus intereses, criterios y lógicas están en sintonía con el World Economic Forum de Davos (de dónde surge el proyecto «One Laptop Per Child») y su servilismo al mundo del capital y la empresa debe ponernos en alerta. Especialmente a quienes reclamamos un sistema educativo autónomo, cogobernado y con la emancipación de toda forma de opresión como objetivo fundamental. Cuando afirmo la necesidad de continuar la labor educativa por medios virtuales institucionales mientras dure la emergencia sanitaria, estoy afirmando eso y nada más. La única plataforma institucional con aulas virtuales de que disponemos es CREA Ceibal.

Ciertamente son entendibles las preocupaciones en torno al destino de nuestros datos, y los de nuestros estudiantes. También es cierto que esas preocupaciones deberían exceder a la plataforma Schoology, y abarcar también el uso de Google, Facebook, Twitter, WhatsApp, etc.

La objeción más fuerte al uso de CREA Ceibal ha sido la denuncia de la situaciones de desigualdad en el acceso a la misma. Y creo que sobre esta enorme dificultad las autoridades no han hecho aún nada. Los docentes debemos reclamar colectivamente soluciones. También podemos realizar propuestas. Por ejemplo, me gustaría que se formaran equipos de trabajo, integrados por asistentes sociales, personal de ANTEL Y PLAN CEIBAL, que en coordinación con las direcciones liceales, visiten a cada estudiante en su hogar y busquen la manera en que el alumno pueda conectarse a la red, asegurando un espacio adecuado para ello. Si en la casa eso resulta imposible, se podría explorar otras alternativas: espacios comunales cercanos (a los que se pueda ir caminando) que pudiesen acondicionarse para brindar condiciones materiales y sanitarias adecuadas para que esos chiquilines puedan estudiar (además de la contención y orientación necesarias).

Pero más allá de las ideas que podemos, y creo que debemos, plantear, es incuestionable que no puede aspirarse a construir un proceso educativo significativo por medios virtuales si no hay una propuesta clara de parte de las autoridades. El actual llamado a “mantener el vínculo pedagógico” por cualquier medio, sin pautas precisas e ignorando completamente las condiciones en las que los trabajadores de la educación y sus estudiantes se encuentran, sólo contribuye a alimentar el desconcierto y el estrés de docentes, alumnos y familias.

Aspiro a que reclamemos esas acciones mientras concentramos muestras energías en pensar y proporcionar alternativas. La gran pregunta sigue siendo ¿qué hacer con la educación en tiempos de cuarentena?

José Perdomo, profesor de Literatura

1 Hago a continuación una selección muy acotada de diferentes críticas que he leído. Recomiendo la lectura de “Cómo educar después de la pandemia” de Gabriela Miraballes Cortinas y Sofía Velázquez Serra, publicado en La diaria el 8 de abril de 2020, y muy especialmente “Aulas virtuales, segregación educativa y una elección de horas con carácter extorsivo” de la agrupación Comuna Pedagógica, publicado el 5 de abril de 2020 en página oficial de ADES Montevideo.

2 Tómese el ejemplo como lo que es. Aquí faltan objetivos, una consigna, orientaciones, etc. Me interesa que se aprecie la posibilidad de organizar actividades que permitan e incentiven la interacción.

3 Lo que no significa que sea el único medio virtual que podamos usar.

4 El sábado 4 de abril los docentes de Inglés encontraron en sus cursos en la plataforma CREA Ceibal una carpeta con materiales y actividades, publicada por Ceibal, sin aviso previo y visible para los estudiantes. Lo que despertó comprensibles molestias.

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