Comienzo de cursos 2020
En Uruguay, la matrícula de enseñanza media ha tenido, desde su masificación en los 60’, una estructura de embudo, con estudiantes que se desvinculan de un año a otro. Y la matriz de grupos de clase se ha adecuado a esa estructura. Así, en un liceo de ciclo básico con nueve salones, ha sido habitual encontrar en cada turno cuatro grupos de primer año, tres grupos de segundo y dos grupos de tercero. También es parte de la adecuación a esa estructura que cada tres liceos destinados a ciclo básico, sólo haya uno para bachillerato (con muy pocos centros mixtos).
Desde 2005, los gobiernos progresistas ofrecieron una creciente batería de formatos educativos “blandos”, con una reducción horaria de la currícula más extendida, tanto por la yuxtaposición de asignaturas (duplas, tríos y cuartetos), como por el mero recorte de la extensión de la jornada de clases. Estos formatos se aplicaron en clave “territorial”, focalizados en las poblaciones estudiantiles más pobres. A esta política se la denominó “democratización de la enseñanza media”.
De esta manera, especialmente a partir del año 2015, se ha incrementado la retención de estudiantes dentro del sistema y, en consecuencia, la culminación de ciclos. Las autoridades de la educación (a través de conferencias ante los medios de comunicación), y el propio gobierno nacional (a través de la página de presidencia), dieron mucha publicidad a este fenómeno.
En junio de 2017 se celebró que la matrícula creció en más de 6.000 alumnos. En julio de 2018 se aplaudió un nuevo crecimiento de la matrícula de más de 4.000 estudiantes. Y en julio de 2019, se celebró que alcanzó la promoción el 78% de los estudiantes de ciclo básico (10% más que ocho años antes), y el 73% de los estudiantes de bachillerato (8% más que el año anterior).
Dejemos de lado el cinismo de festejar mejoras cuantitativas a costa de renunciar a la integralidad educativa de los jóvenes más pobres. Lo que las autoridades de la Anep no hicieron fue tomar los recaudos para incluir en adecuadas condiciones a una matrícula creciente en secundaria, con un incremento de 10.000 estudiantes en dos años, y con mayores porcentajes de pasaje de grado.
Estabilidad de la matrícula en ciclo básico
De los 10.000 nuevos estudiantes de 2016-2017, 2.500 se registraron en ciclo básico. A ello le sumamos los mayores niveles de retención de la última década. Simultáneamente, se produjo una disminución en el ingreso a primer año, producto de una caída en la “cohorte generacional” (jóvenes en edad de ingresar al liceo). Así, la matrícula de ciclo básico se mantuvo estable.
Esta situación coincidió con un momento de ajuste presupuestal, con un gobierno nacional que no asignó los recursos necesarios para cubrir los ajustes salariales. El parlamento dispuso que el dinero faltante se tomara del fondo de inasistencias (generado con los descuentos salariales, en buena medida debidos a medidas sindicales) y del fondo nacional de infraestructura (ello explica que los últimos años casi no se hayan realizado obras de reparación y construcción).
Para obtener recursos con los que costear ciertas políticas, el Ces decidió recortar fuentes laborales. En dos años, se perdieron más de 10.000 horas de trabajo: eliminación del Espacio Curricular Abierto, reducción horaria a los responsables de salas de informática y laboratorios de astronomía, recorte de mil horas en el área de inspección, rebaja de las horas para actividades extracurriculares de educación física, disminución del número de cargos de docencia indirecta (especialmente en adscripción) y recorte del número de grupos. En ciclo básico, esta última medida fue justificada por las autoridades apelando a la caída en la cohorte generacional. Ese planteo es engañoso, pues oculta un previo crecimiento de la matrícula y de la retención.
Fuerte incremento de la matrícula en bachillerato
En bachillerato, el aumento ha sido muy notorio. En primer lugar, porque le corresponden dos tercios del incremento de 10.000 estudiantes registrado en 2016-2017. En segundo lugar, porque en 2018 se produjo en este nivel un nuevo crecimiento de 1.500 estudiantes, producto de la mayor retención registrada en ciclo básico. Simultáneamente, subió la promoción dentro del segundo ciclo, con más estudiantes que ingresan a quinto y sexto año. Estos 10,000 nuevos estudiantes de bachillerato sólo pueden ser ubicados en los 80 liceos que se destinan al nivel.
El aumento de la demanda de segundo ciclo se registra especialmente en las periferias de las ciudades, donde suelen funcionar los formatos blandos de acreditación. Y es en las zonas céntricas donde se concentra la mayoría de los liceos de bachillerato. Así, la superpoblación se da con mayor intensidad en los liceos de segundo ciclo más próximos a las periferias. Claro ejemplo de ello se observa en Montevideo, donde liceos como el Bauzá y el I.B.O., en el Prado, se ven desbordados por la inscripción de flujos de estudiantes cada vez mayores.
Mucho plan nuevo, poca obra nueva
En Montevideo, las administraciones del Frente Amplio (2005-2019) crearon 11 liceos en 15 años: 8 de ciclo básico (67, 69, 70, 71, 73, 74, 76 y 77) y 3 de bachillerato (68, 72 y 75). Varios de ellos padecen condiciones inadecuadas desde su fundación: el liceo 69 utiliza las instalaciones del colegio Cristo Divino Obrero, el liceo 72 funciona en lo que fue el anexo del antiguo local del liceo 11, el liceo 74 suma contenedores a unos pocos salones convencionales en el patio de una vivienda, y el liceo 75 trabaja en unas diminutas aulas prefabricadas al fondo de una casa.
La creación de liceos del período progresista es muy inferior a la registrada en los 15 años anteriores (1990-2004), que comprende 26 centros (del 41 al 66). La comparación es reveladora, pues permite contrastar las obras que acompañaron las reformas de los gobiernos blanquicolorados (Planes 1996 y 2003), con los esfuerzos para sostener ediliciamente la reforma educativa de los gobiernos progresistas (Planes 2006, 2009, 2012, 2013 desnaturalizado y 2016).
¿Quién quiere un cuarto?
Atendiendo al crecimiento registrado desde 2016 en la matrícula de segundo ciclo, y careciendo de presupuesto, el CES resolvió crear grupos de bachillerato en liceos de ciclo básico: 1, 12, 13, 18, 19, 20, 32, 38, 41, 42, 48, 49, 50, 67, 71, 73 y 77. Salvo contadas excepciones, la primera vez que se procedió a crear grupos de bachillerato en estos liceos, fue de manera improvisada, para atender previsibles desbordes de inscripciones, con las clases ya comenzadas.
Los liceos de ciclo básico elegidos guardan más relación con la aceptación por parte de sus direcciones a recibir grupos de segundo ciclo, que con la existencia de condiciones adecuadas. A la falta de laboratorios, materiales bibliográficos y herramientas didácticas acordes a un bachillerato, se suma la pérdida de espacios que cumplían funciones importantes en los liceos de ciclo básico: salones de audiovisuales, laboratorios, salones multiuso, depósitos, etc.
Estas acciones fueron acompañadas de la necia negativa del Ces a escuchar a los trabajadores. A modo de ejemplo, en noviembre de 2018, el núcleo sindical del liceo 18, atendiendo a la realidad de la zona, solicitó la creación de grupos de cuarto año en salones disponibles en el centro para el año lectivo 2019. La solicitud fue ignorada. Y en abril de 2019, ante el previsible desborde de las inscripciones, el Ces procedió a crear los grupos solicitados cinco meses antes.
De caja de camión a salón de clase
Este 2020, agotados los espacios en los liceos de ciclo básico, el CES ha recurrido a contenedores para atender el crecimiento de la matrícula de bachillerato. Y lo ha hecho de manera autoritaria, desconociendo su obligación de convocar a los ámbitos de negociación previstos en la Ley 18.508.
Estos salones tienen problemas de filtraciones de agua (las uniones acostumbran a ser defectuosas) y de ventilación. Les colocan un equipo de aire acondicionado de 9.000 BTU, recomendado para un dormitorio de dos personas, pero reciben 30 estudiantes. Estos equipos fallan al exceder la potencia eléctrica de los centros, y en pocas semanas se rompen.
Cuando falta el aire, la opción es abrir ventanas y puerta, exponiéndose al frío o el calor (según la estación) y a los ruidos (debido al emplazamiento en espacios cercanos a la vía pública). Los problemas con la acústica se registran, con independencia de la localización del contenedor, cada vez que llueve, dado que el ruido del agua golpeando contra la estructura hace difícil escucharse.
Otra dificultad de estos salones es que los estudiantes y docentes que los utilizan están expuestos a las inclemencias del tiempo (especialmente las lluvias) cada vez que necesitan ir al baño, la sala de profesores o el lugar que sea. Además, la colocación de los contenedores encima de pilares obliga a ingresar a ellos por escaleras, por lo que no disponen de accesibilidad.
Los contenedores siempre presentan problemas con sus pisos, que se hunden y rompen en poco tiempo. Esto se explica fácilmente. Una cosa es el uso que le puede dar una empresa como oficina para dos o tres trabajadores, y otra cosa es colocar 30 sillas, con 30 estudiantes entrando y saliendo durante doce horas al día.
El emplazamiento de los contenedores en un liceo genera la desintegración de sus estudiantes, que quedan aislados fuera del edificio. Además, se pierden áreas de esparcimiento: un grupo en hora libre conversando en el patio, cerca del contenedor, pasa a ser un problema.
Se han registrado, además, casos de plagas en los techos y las paredes de los contenedores, pues ciertos insectos, como las hormigas, comen el material aislante. Finalmente, estos salones son altamente inflamables: ciertos desperfectos eléctricos han provocado ya siniestros menores.
Te invito a elegir y hago lo que quiero
Los gobiernos progresistas han sido doblemente irresponsables: deterioraron la educación de los jóvenes más pobres, y no previeron las consecuencias de sus políticas sobre la matrícula del bachillerato. Así, hoy nos encontramos con familias que aún no han encontrado cupo para sus hijos, yendo y viniendo del liceo a reguladora.
Se les mintió a las familias cuando se les dijo que podrían elegir el liceo de destino de sus hijos. Ha sido una constante que las familias elijan dos centros de preferencia, para que el liceo de destino definido por el Ces sea cualquier otro.
Las administraciones progresistas parecen no haber advertido que no es posible que cada quien elija el liceo para sus hijos. Los edificios tienen capacidades locativas limitadas. Y cuando se prefieren más ciertos liceos que otros, es porque algunos presentan condiciones adecuadas y otros no. Lo que hay que hacer es que todos los centros dispongan de similares condiciones.
Además, no es deseable que cada quien elija en qué liceo estudiar. La población de cada centro debe ser definida atendiendo fundamentalmente a variables pedagógicas, que favorezcan los aprendizajes. Los liceos “a la carta” terminan siendo herramientas de segregación de los estudiantes en función de sus realidades socioeconómicas. Las autoridades deberían evitar que la elección de centro se traduzca en procesos de guetización.
Desde hace tres años, cada mes de marzo, el crecimiento de la matrícula de bachillerato supera las expectativas del Ces. Cuando el propio Ces, pocos meses antes, celebra que más jóvenes ingresan a la enseñanza media. Un verdadero sinsentido. Capítulo aparte merecería el trabajo de la Dirección de Gestión y Soporte a la Enseñanza, que desestima y hasta se burla de las proyecciones de los trabajadores a partir de datos irreales que demuestran ser falsos una y otra vez.
Estas absurdas situaciones se traducen en familias molestas, estudiantes disgustados, aulas superpobladas, docentes desbordados, adscriptos insuficientes, pérdida de espacios que cumplen importantes funciones (bibliotecas, laboratorios, salones de audiovisuales, espacios de disciplinas artísticas, salas de profesores, salones de actos, etc.) y grupos trabajando en salones de lata.
Perspectivas
En un escenario en el que el nuevo gobierno nacional no ha investido en sus cargos a los próximos jerarcas de la educación, llama la atención el empeño con que los consejeros salientes asumen el triste papel de repartir contenedores para intentar encauzar una previsible superpoblación. Daría la impresión de que les dijeron: “este error es suyo, háganse cargo”.
Es necesario que nuestro sindicato enfrente globalmente esta realidad. Debemos superar la lógica de la circunstancial fuerza o debilidad de cada núcleo sindical. Se trata de una lógica que enfrenta a los núcleos entre sí, y alimenta la competencia entre centros por recursos.
No podemos permitir que se modifiquen las condiciones laborales sin la previa instalación de ámbitos de negociación. No podemos permitir que haya un solo liceo con grupos superpoblados. No podemos permitir que haya cada vez más alumnos estudiando en contenedores. La FeNaPES debe inmediatamente tomar cartas en el asunto para corregir los desastres de la Administración.
Y, cuando comience la discusión sobre la cantidad de grupos para 2021, debería preverse esta realidad. Si los datos oficiales muestran una tendencia ascendente de la matrícula, entonces la base de la negociación habrá de colocarse por encima de la matriz de grupos existente.
Julio Moreira
Agrupación Ferrer i Guardia


















