En principio es necesario que te aclare una cuestión de forma. Cuando diga “mí” o “yo” estaré no sólo hablando de mi persona, si no de cientos de docentes, quizás miles, permitime el atrevimiento y la hipérbole. A su vez, cuando te nombre a vos, es probable que también esté nombrando a otros, a los denominados formadores de opinión. Aclarado ya el asunto vayamos a lo importante. Hace poco dijiste algo que es bastante idiota, cosa común en ti, que entre muchas cosas lúcidas e inteligentes que expresás –te juro que no estoy afilando machos, como decís- también abundan las estupideces- quien escribe esto comparte eso contigo, no lo de las lucideces, sino la parte idiota. Pero volvamos al tema. Hablabas de educación, cosa para la que seguro te formaste, leíste, estudiaste, como yo, los cuatro años del IPA, más las cientos de horas de congresos, cursos, lecturas, seminarios, trabajos… No me cabe duda de eso, sobre todo porque sabés la importancia que tiene en la pedagogía escolar “el elefante trompita”. De entre las muchas tonterías que afirmaste, que sé que son humor, ironía, y que en la risa todo vale, ya lo sé, no te calentés… de entre esas muchas cosas se te dio por decir que claro que Astori debe ganar más que una maestra… no te gastés en explicarme lo de la ironía crítica, y las garantías, y el Brou y Caloia y Pluna… lo entendí… y lo del Rivotril de inversionistas que es el ministro… lo entiendo, aunque yo no haya hecho un curso de stand up en Cambridge… Me refiero a la parte seria, a la real, a la que sustentaba tu exposición. A las cuentas del estado, al periodo de bonanza, a que la función del rey del power point es socialmente más importante que la de un profesor. Dejame contarte algunas cosas que me pasaron –te reitero, por si te olvidaste, que yo soy yo y son otros-. Cité a una madre porque su hijo no se comportaba bien en clase. Cuando llegó y los enfrenté a los dos, el muchacho tenía el rostro aterrorizado. A los pocos minutos la madre me dijo, palabras más, palabras menos, que cuando llegara a la casa al hijo se le iban a ir todas las bobadas. El adolescente se convirtió en un niño de tres y se puso a llorar. No fue necesario que hiciera una investigación para saber qué pasaba. Mi objetivo tuvo que cambiar, y entonces le hablé a la mamá de la importancia de conversar, de dialogar, de convencer por otros medios. Todo esto previo pedido de retiro del niño que esperaba, con alguna lágrima, en otro lado. Hace poco me encontré al muchacho, está casado, tiene un hijo, y vino a darme un abrazo cuando me vio en la calle. Te aclaro que mejoró el rendimiento y la conducta y aprobó el curso también.
Yo trabajo en una de las zonas más complicadas de Montevideo, de contexto le dicen. Cada reunión es un suplicio. Ahí te enterás, a través de los adscriptos generalmente, que fulanito fue abusado, que menganito tiene el padre preso, que a sultanita le mataron al hermano… ¿Sabés cuántas veces lloré por mis alumnos? Muchas, incontables. ¿Sabés cuántas horas no dormí por ellos? ¿Tenés una puta idea de cuántas risas le saqué a un botija que tenía más razones para matarse que para seguir viviendo? Ya te dije que soy bastante estúpido, como vos, y no puedo pasar cinco minutos sin decir una bobada. Ya te dije que trabajo en los contexto jodidos, bien jodidos, que ese debería ser el término técnico. ¿Se te ocurre a caso una cifra de gurises que ahora cursan una carrera universitaria o de nivel terciario con los que colaboré aunque sea un poquito? Aún sigo en contacto por facebook con ellos. ¿Sabés por qué lo hago? Porque me interesan, porque los quiero. LOS QUIERO. Y también te puedo hablar de los que no llegaron a lo socialmente valorable, pero que son padres y madres enormes, que laburan horas y horas forzando el lomo, que aún siguen esperando puertas que se abran. ¿Y por qué puedo hablarte de ellos? Porque son lo máximo a lo que puede aspirar un ser humano, son buena gente, muy buena gente. Y también contribuí con eso. Alguna vez tuve que ir a una comisaría, y esperar horas y horas, consolando a una gurisa que era abusada, maltratada por su propia familia. Luchar contra la ley de gravedad que la empujaba, aguantar y ayudar a soportar la burocracia del abuso. ¿Le sacaste en vivo y en directo una sonrisa a una gurisa violada? ¿Le enseñaste el valor del lenguaje figurado, de una metáfora a un pibe que vive en un rancho y apenas come? No sólo debería ganar más que el ministro, debería ganar más que vos Desbocatti. He ido a cumpleaños de quince, de los de club y de los de casa, he jugado partidos de fútbol cinco, he hecho guisos en casa de ellos, en “Las torres”, ¿tenés una puta idea de dónde queda eso? He ido al cine… el domingo vamos con Mariela y otros gurises y otros profes al cine… por gusto, porque ella nos invitó… vamos a ver “El principito”… “lo esencial es invisible a los ojos”. El problema es que este mundo es ciego y sordo e insensible. Una vez, después de un evento pedagógico formal, en el cual nos presentamos con los alumnos, decidimos ir a merendar al parque Batlle. No importa el evento, importa que esos gurises, salidos de los lugares menos privilegiados de este país, se pusieron a leer poesía sin que nadie les dijera nada, en pleno Parque Batlle… merendaron y leyeron a Neruda, a Sabina, a Vallejo… sin que nadie los obligara, con chocolatada y torta casera de por medio…
Jugué a la mancha, corrí, me escondí en el botánico… conozco profesoras que fueron mis alumnas… me dijeron gracias después de haber perdido a un padre en un ajuste de cuentas… después de haber rezongado mucho, de haber echado… me dijeron gracias por haberles contribuido a resistir, a vivir…
Una alumna, bella persona, excelente estudiante, me dijo una vez: “no sé si dentro de unos años me voy a acordar de lo que es una anáfora, un polisíndeton… pero que en la vida hay lecturas ocultas y que estas lecturas son múltiples, eso, eso es de lo que me voy a acordar…
Todas las semanas tengo un abrazo, una caricia de estas…todas las semanas…
Y sin embargo, todos los días, todos los malditos días… tengo una cachetada, un golpe, una puteada, de alguien que dice que ganamos mucho, que no laburamos, que lo que nos interesa es el salario y no los gurises… todos los putos días alguien me dice que no tengo vocación y debo justificar lo que hago y lo que no… todos los putos días… ¿Vos tenés que justificar por qué sos Darwin Desbocatti?
Vos hacés humor, vos entretenés. No debés justificar tu función social. Todos te festejan tus chistes, y los que no, te dan vida con su crítica. A mí me matan en cada vuelta de esquina. La cita de autoridad siempre fue, más que un ejemplo, un argumento en sí. En la Edad Media, se citaba a Platón, a Aristóteles… hoy… a Darwin (vos también sos vos y los otros)… Yo te he citado un sinnúmero de veces… “Un gran poder implica una gran responsabilidad”. Tal vez no estás dispuesto a asumirlo… Sí es así, sos un cobarde.
Hoy decidí que voy a dejar la docencia… Quizás no sea una cosa inmediata… me debo adaptar a lo económico, tengo que pagar un alquiler y esas cosas mundanas… pero sé que la voy a dejar… voy a dejar lo que más he amado en la vida… te pido que me creas la hipérbbole… unos hijos de puta con carnet de políticos, o de periodistas, o de opinólogos… me han vencido… Te juro que no puedo más… La docencia es lo que más amo en la vida… ´pero si sigo trabajando en esto… Y no es una cuestión de salario, es una cuestión de reconocimiento, de saber, de decir… lo que hacemos es mucho más importante que lo que hace Astori… no cabe la menor duda… Cada una de las cosas que nombré lo demuestran… Estoy derrotado… me duele el cuerpo y quizás, el alma… por eso, por todo lo que he hecho hasta ahora y por dejar de hacerlo, les pido perdón gurises…
Desde la radio del ómnibus o con los auriculares puestos, he marchado al liceo escuchándote. A veces iba muy bajoneado, ya ha quedado claro por qué. Me he reído, he disfrutado de tus ocurrencias, de tu inteligencia para construir ironía… me has ayudado a ir con alegría y crítica a mi clase… Así que corrijo… me has rescatado un sinnúmero de veces de mis tristezas y de mis desganos… (no quiero afilar machos, ya te lo dije)… decía, corrijo… vos debés ganar más que yo, mucho más que yo… hacés reír, a los que, en lugares inhumanos, deben enseñar y hacer reír al mismo tiempo. Quizás hasta merezcas un premio Nobel de la Paz… o al menos, algunos de los abrazos, que yo recibo, recibía, a diario. Ojalá algún día, sepas lo que es eso.
Rafael Fernández Pimienta



