“Los montes están de parto, darán a luz a un ridículo ratón”. Así escribe en su “Arte poética” el poeta Horacio para referirse a ciertos autores de su época cuyas odas o tragedias comenzaban anunciando acontecimientos extraordinarios y grandes proezas de sus personajes, para concluir pobremente, dejando decepcionado al público. Pronto los romanos adoptaron esa ironía y la generalizaron para cualquier empresa pomposamente anunciada cuyos resultados quedaban muy lejos de responder a lo prometido. Un chasco a todo volumen y a corto plazo.[1]
El pasado 11 de octubre, a instancias de las bancadas parlamentarias en minoría, asistieron al senado -entre otros- los principales representantes del gobierno en materia educativa: el ministro Ricardo Ehrlich, la subsecretaria María Simon, el director general de secretaría, Pablo Álvarez, y el director de educación, Luis Garibaldi.
El portavoz de los partidos en minoría fue el senador Jorge Larrañaga, quien calificó la situación de la enseñanza como de «emergencia», alarmado porque descubrió que el abandono en los liceos públicos es siete veces mayor que en los privados. El vocero del gobierno, Ehrlich, adhirió al lamento de Larrañaga, acongojado porque en la enseñanza secundaria pública hay un muy fuerte “rezago” y una fuerte “desvinculación”. Lo curioso es que ninguno de ellos habló de asignar recursos para atacar problemáticas ampliamente extendidas en la educación pública, como los grupos superpoblados; los edificios que se llueven; los salones a los que les faltan puertas, ventanas, calefacción, iluminación y limpieza adecuadas; los baños deteriorados e insuficientes; la falta de materiales didácticos; y otra multitud de factores que las instituciones privadas suelen atender.
Larrañaga se mostró dolido de que sólo un 30% de quienes comienzan bachillerato lo terminan, mientras que Ehrlich se lamentó de que haya 46.000 jóvenes que han abandonado los estudios pero tampoco trabajan. En realidad, Larrañaga debería saber que, por ejemplo, de los 71 edificios en los que actualmente funcionan liceos en Montevideo, 55 son de ciclo básico, y sólo 16 atienden de manera exclusiva a estudiantes de segundo ciclo, por lo que parecería que no existe una firme voluntad de alojar una mayor cantidad de egresados de los liceos de ciclo básico, y si por alguna razón eso llegara a ocurrir, no habría espacio para atenderlos. En relación a Ehrlich, hay que aplaudir su honestidad, pues dejó en claro que el gobierno piensa que si un joven abandona los estudios pero ingresa al mercado laboral como mano de obra no calificada y barata, entonces el problema no es tan grave. A lo sumo, habrá que capacitarlo con algún cursito para que pueda producir más y mejor e incrementar las ganancias de sus patrones.
Larrañaga manifestó que la educación pública es una “fábrica de exclusión”, que abre brechas sociales muy fuertes, y que no es inclusiva, mientras que Ehrlich sostuvo que el sistema educativo uruguayo “no ha logrado aún revertir o reducir los impactos de las historias de vida y los contextos socio culturales en los resultados de la educación”. Cuando oímos discursos políticos que descansan sobre tan groseras simplificaciones en la comprensión de las problemáticas sociales, no podemos más que reafirmarnos en nuestra lucha por autonomía y cogobierno para la educación.
¿Quién imaginaría que las brechas sociales se hallan más determinadas por el sistema educativo que por la propiedad privada? ¿Quién podría pensar que son las escuelas y los liceos los que excluyen a los niños y jóvenes, y no sus condiciones de vida? ¿Quién sería tan obtuso en su pensamiento como para proponer que somos los docentes quienes debemos asumir la responsabilidad de revertir los impactos negativos de los contextos socioculturales y de las historias de vidas de los estudiantes? Pues nada más ni nada menos que todos los partidos políticos con representación parlamentaria.
Nos preguntamos: ¿cuántos ministros y legisladores envían a sus hijos a la educación pública? Si así fuera, sabrían de jóvenes que dejan de estudiar porque tienen que criar a sus hermanos, mientras sus padres son explotados por un salario mísero, o porque en sus casas falta para comer y tienen que salir a laburar, o porque no tienen plata para vestirse decorosamente.
Pero sigamos. Larrañaga aprovechó la ocasión para presentar un proyecto de ley con el que busca impulsar un proceso de gestión más autónomo para los centros de enseñanza. En relación a ese tema, Ehrlich ha expresado que hay que buscar la forma de dotar de autonomía a los centros sin que ello se convierta en una traba burocrática para los mandos políticos de la enseñanza. Pero, más allá de matices respecto de la metodología a seguir, los partidos políticos con representación parlamentaria mostraron estar de acuerdo en el objetivo: profundizar el control político de la educación, enfrentando entre sí a los integrantes de la “comunidad educativa”, separados en diferentes “órdenes” para que asuman la policíaca misión de vigilar -y eventualmente denunciar- a los “otros” y así asegurar el cumplimiento de las definiciones de la administración.
¿A dónde condujo esa larga pero monocorde sesión con representantes de los diferentes partidos? Al tema que verdaderamente era de su interés: la integración de los órganos de conducción de la enseñanza. Larrañaga presentó un segundo proyecto de ley que apunta a que el poder ejecutivo deba asegurar la “pluralidad política” (léase “pluralidad político-partidaria”) en la integración del CODICEN y de los órganos directivos de los consejos desconcentrados, cuestionando el papel de la “representación social”. Las declaraciones que ha hecho Ehrlich respecto a este asunto dan para pensar: “en cuanto a la participación de los docentes en los consejos, tengo que dar testimonio con la mayor sinceridad, más allá de lo que pienso, que estoy de acuerdo con esa participación, entiendo que no han sido obstáculo alguno. Todas las resoluciones del CODICEN en este período han sido tomadas por consenso”.[2] Interesante afirmación, ¿no?
El hecho de que una sesión que se inició con los porcentajes de abandono terminara con planteos acerca de quiénes integran los órganos de conducción de la enseñanza permite extraer al menos un par de conclusiones: 1. El gobierno ultima detalles para lanzarse a la profundización de una política descentralizadora y privatizadora, pero para ello necesita del respaldo de dos tercios de los componentes del parlamento. 2. Los partidos en minoría exigen cargos en la conducción de la enseñanza a cambio de respaldar al gobierno en su aplicación de medidas que ya saben resistiremos.
En manos de esta gente, profesionales de la política que ganan varias veces lo que un docente, que tienen total autonomía para votarse sus salarios, que no son evaluados por ningún sistema externo que mida los resultados de su labor, que no tienen jerarcas parasitarios que les hablen de la “calidad”, en manos del “cogobierno” de esta gente se encuentra hoy la educación.
¿Qué podemos esperar de ellos y de sus tan anunciadas medidas para la educación pública? Pues no más que un “parto de los montes”. Los alardeados objetivos de mejorar la calidad de la educación pública, universalizar la educación media, generalizar la educación terciaria y mejorar la educación de toda la población no son más que una “empresa pomposamente anunciada cuyos resultados quedarán muy lejos de responder a lo prometido”
Detrás de sus lamentos por los “alarmantes” niveles de repetición y abandono, detrás de sus denuncias de la existencia de miles de jóvenes que ni estudian ni trabajan, detrás de su demagógico descubrimiento de que los niños y jóvenes de “contexto crítico” no logran buenos resultaos académicos, no hay más que un “mísero ratón”: liceos en pésimas condiciones, grupos superpoblados, insuficiente cantidad de trabajadores en cada centro, magros salarios y planes de enseñanza orientados a la capacitación para el mercado laboral.
El estado actual de la educación pública y los anuncios de lo que se viene hacen imprescindible que fortalezcamos los espacios sindicales: núcleos liceales, coordinaciones zonales, comisiones de trabajo, asambleas generales. De nosotros y sólo de nosotros dependerá que podamos impedir la aplicación de planes que prevén una malla curricular por áreas, la promoción a través de acreditación en algunos “campos de formación”, la transformación de los liceos en guarderías de adolescentes de tiempo completo, la privatización de la enseñanza, la modificación del estatuto docente para quitarnos derechos laborales, el pasaje de la unidad de docencia directa de 20 a 26 horas, el cobro de un salario atado a los niveles de promoción… ¡De nosotros y sólo de nosotros depende, compañeros!
Agrupación Liceos Populares – Julio Andreoli
Noviembre de 2011
[1] Zimmermann, Héctor. “Tres mil historias de frases y palabras que decimos a cada rato”. Aguilar, Buenos Aires, 1999.
[2] Ehrlich, Ricardo. Declaraciones a Radio El Espectador el 14 de octubre de 2011. Disponible en: http://www.espectador.com/1v4_contenido.php?m=&id=223953&ipag=1




